lunes, 18 de agosto de 2014

El mundo en guerra (primera parte).

Aunque las guerras, el hambre, la enfermedad, y la miseria generalizada son la vida cotidiana de la mayor parte del mundo que no es Occidente, en el Primer Mundo suele vivirse ajeno a dichas realidades por comodidad, cinismo e ignorancia. No obstante, estos últimos años, la labor conjunta de las grandes empresas de la información ha puesto el foco público sobre una serie de conflictos a los que se dedica ingentes cantidades de tiempo de emisión: Ucrania, Siria, Palestina e Irak. El espectador crítico y observador podrá percibir que, atravesando y permeando la cobertura de estos escenarios, también existe consenso unánime de todas las cadenas de televisión, radio y periódicos en torno a señalar al Presidente Putin como un irresponsable imperialista beligerante, al tiempo que aún se describe al esfuerzo bélico internacional de los Estados Unidos como un garante de la libertad y la demoracia en todo el planeta. ¿Qué hay detrás de tantos conflictos? ¿Por qué parecen haberse reproducido y recrudecido en los últimos años? ¿Cuál será el resultado de ellos? Intentemos dar respuesta a esas preguntas.

Tapiz de Bayeux. Ya en la Edad Media, los conflictos geopolíticos se resolvían contando muertos.


La violencia y la política, hermanos de sangre.

La historia política de la humanidad es la historia de las luchas que ha habido entre los hombres y los resultados de estas luchas. Todos los grandes cambios histórico-políticos a los que se han enfrentado las sociedades humanas, sin excepción alguna, son producto de la imposición violenta de los intereses de unos sobre los intereses de otros. A nivel histórico, hablando en términos de colectivos sociales, ningún consenso pacífico, ninguna conciliación de intereses opuestos, ha sido más que una tregua temporal entre guerras. Dada la irreversibilidad de la muerte, el exterminio del enemigo supone la desaparición eterna y segura de aquel que osa disputar mujeres, materias primas y mercados propios, y por lo tanto, la guerra es la única forma que ha encontrado la humanidad de dar solución permanente al conflicto social: cuando hay dos voluntades colectivas irreconciliables, la única forma irremediablemente duradera (tan duradera como la muerte) de solucionar el antagonismo es hacer que una de las dos acabe criando malvas.

Lo dicho anteriormente no quiere decir, en absoluto, que todo el entramado jurídico que vertebra las sociedades, las leyes que todos acatamos pacíficamente, por consenso, carezcan de importancia. No quiere decir que estas leyes no tengan relevancia política o que grandes avances históricos no hayan sedimentado gracias a que fueron recogidos en el orden legal de las naciones. Lo que pretendo defender es que esas leyes se promulgan como un acuerdo escrito de toda la sociedad, que tiene validez, lógicamente, hasta que ese acuerdo se rompe de facto. Cuando esto ocurre, cuando el orden legal recoge un consenso ya roto y, por tanto, se torna en orden legal obsoleto, es cuando se desencadena un conflicto violento entre los sectores sociales con intereses antagónicos, cuyo resultado da lugar a un nuevo orden legal que transcribe los nuevos consensos, que se producen a partir del devenir de la lucha. 

Alguien, leyendo el párrafo anterior, podría pensar "¿qué utilidad tienen las leyes si sólo valen hasta que alguien decide infringirlas?". Pues que infringir la ley a niveles históricos, que tienen que ver con revoluciones políticas que alumbran nuevas sociedades y hunden a las viejas, no es como robarle la cartera a una vieja o pedir que no te pasen factura para no pagar el IVA. Para toda la sociedad, el orden jurídico de un país y unas fuerzas armadas que garanticen su cumplimiento, suele equivaler a seguridad y paz, incluso aunque esto suponga vivir en un régimen de injusticia. Rebelarse contra el sistema, cuando se lleva la voluntad subversiva a sus últimas consecuencias, conduce siempre a la guerra civil, es decir, a la muerte; y la muerte, por insondables leyes de la naturaleza, no suele atraer a mucha gente. En ese sentido, desde una perspectiva histórica y social, podemos decir que existe un movimiento pendular entre momentos de paz social regulados por las leyes, y momentos de revolución en los que el orden legal viejo es sustituido a la fuerza por otro nuevo (a veces más justo, y a veces, no).

Lucha social en directo. El estado, defendiendo los intereses de un sector adinerado y oligárquico, se enfrenta a la voluntad del sector empobrecido y mayoritario de la sociedad.

Ejemplos históricos de estos procesos hay muchos. Quizá el más paradigmático sea el de la Revolución Francesa: una clase social burguesa con mucho poder económico y poco poder político se enfrenta a la clase social nobiliaria con poco poder económico y mucho poder político. Al final, la burguesía le gana la partida de ajedrez a la nobleza utilizando como peones a los campesinos y otros muertos de hambre, y entonces el Antiguo Régimen feudal (con sus leyes, fueros y constituciones) se viene abajo y es sustituido por un nuevo orden constitucional liberal que es el que cimenta las sociedades actuales.

Otro caso que ilustra lo dicho arriba es el de las guerras de independencia americanas. Una burguesía local, criolla, quiere libertades para comerciar que le son negadas desde la metrópoli, al mismo tiempo que ésta restringe la participación de aquéllos en el parlamento nacional para no otorgarle un poder político que ponga en aprietos a las clases dirigentes europeas. El resultado: la burguesía americana declara la guerra a la potencia colonial y crea un nuevo estado independiente en el que ella es quien manda, quien crea las leyes y quien las ejecuta.

Como tercer ejemplo, podría mencionarse la Revolución de Octubre de 1917, en Rusia. Los trabajadores industriales de las ciudades y los campesinos pobres, viendo que el orden legal que surgiría de la Revolución de Febrero de unos meses atrás iba a reproducir los viejos modelos de explotación pero con explotadores nuevos (burgueses en lugar de aristócratas zaristas), se alzan contra el Gobierno Provisional liderados por los bolcheviques e instituyen un estado socialista jurídicamente diferente al anterior, construido desde abajo por consejos (soviets) de obreros y campesinos sometidos a la democracia directa. Cabe decir que "alzarse contra el Gobierno Provisional" quiere decir que una horda de pobres y desnutridos (los mismos muertos de hambre de la Revolución Francesa, pero un siglo y pico después) toman las calles y los edificios de Petrogrado y los pintan con la sangre de los oligarcas, es decir, todo un ejercicio de violencia política.

A pesar de que los hombres muchas veces acuden a las guerras movidos por ideologías de libertad, igualdad y progreso, lo cierto es que éstas motivaciones sólo sirven para encontrar materia prima dispuesta a hacerse picar en la carnicería del campo de batalla, no tienen nada que ver con las causas reales de las matanzas. Lo que realmente origina las guerras (incluso aquéllas que nos han traído regímenes que consideramos más justos y civilizados) siempre es la voluntad de una parte de la sociedad de imponerse a otras partes. Las guerras siempre son ciegas, movidas únicamente por intereses materiales, bien sean estos intereses materiales de unos dirigentes tiranos que mandan a la perdición a millones de almas y jamás oirán zumbar las balas (o las flechas, o las piedras) a su alrededor, o bien sean los intereses materiales de un pueblo oprimido con intención de liberarse y prosperar, que perece ametrallado por su propio gobierno.

Fascistas ucranianos defendiendo intereses materiales que no son los suyos. Por razones obvias, los idiotas abundan en el campo de batalla.

Explicado el papel de la violencia en el devenir político de los pueblos, explicaremos en el siguiente artículo cómo es que los estados utilizan la fuerza para imponerse unos a otros y cómo pueden explicarse todas las guerras libradas en la actualidad atendiendo al panorama geopolítico que quedó tras la Guerra Fría.



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