miércoles, 7 de noviembre de 2012

El nacionalismo y sus especies.

El hombre es, como otros animales, un animal gregario, y esto es innegable. Los conjuntos humanos responden a diferentes estructuras en función del momento histórico, pero la aglomeración de individuos existe desde el origen de la especie, de lo cual se induce que, independientemente del trasfondo cultural (variable a través del tiempo), existe una necesidad biológica en la persona que la insta a juntarse con otras.

En tiempos del cazador-recolector, agruparse aumentaba las probabilidades de éxito en la búsqueda de alimento. Más tarde, una vez descubierta la agricultura, los hombres abandonaron el nomadismo y poco a poco fueron formando colectivos cada vez más grandes, al mismo tiempo que la complejidad de sus sociedades crecía con la especialización del trabajo y el intercambio de bienes materiales y culturales.

La relación entre el individuo y el grupo, su sociedad, varía en cada etapa histórica, como hemos dicho. Concuerdo plenamente con Marx en que esta relación es, sobre todo, económica: la manera en la que el individuo intercambia bienes con la sociedad y su posición en el proceso productivo es lo que más influye en la definición de su papel social, no sólo a nivel económico, también a nivel político y cultural. ¿Qué pasó respecto a esto a finales del S. XVIII?

Ocurrió, como muchas veces he contado ya, la victoria de la burguesía en su lucha de clases con la nobleza y el clero, poniendo patas arriba el orden social imperante. Las nuevas relaciones de producción, caracterizadas por la hegemonía del capitalista, el obsesivo aumento de la productividad y la proletarización de las masas, trajeron consigo toda una serie de nuevos valores sociales (se ve aquí la influencia de lo económico en lo cultural): el trabajo como algo que dignifica, la riqueza como signo de estatus social, el elogio del individualismo, etc. En lo que nos toca, trataremos una de estas nuevas ideas más a fondo: la nación y el nacionalismo. A partir de aquí, veamos los dos tipos de nacionalismo que existen.

El nacionalismo burgués.

Es el patriotismo de toda la vida, el de jurar la bandera, sacrificar la vida por ella y dar vivas a la Constitución. Dentro de la nación, según el nacionalismo burgués, se encuentran todos los individuos de una región histórica independientemente de su posición socioeconómica. Así, más allá de que seas un vagabundo que vive bajo un puente alimentándose del musgo que encuentra entre las piedras o un empresario industrial que esnifa polvo de oro, se asume que existe un vínculo trascendental entre los ciudadanos que "une sus destinos en lo universal" (palabras de Ortega y Gasset) por ser parte de la misma Patria,

Este tipo de nacionalismo es un método muy eficaz para controlar a las masas que hubo de crearse una vez que la Ilustración pareció dar la estocada mortal a la religión (el otro tradicional método de control social). Cuando se enaltece la Patria es siempre para convencer a la ciudadanía de que perpetre acciones que, lejos de beneficiar a ella misma, beneficia invariablemente a la burguesía de su país. Grandes ejemplos de esto son las guerras imperialistas actuales, donde cientos de miles de desgraciados van gustosos a morir al desierto creyendo defender a su nación cuando realmente defienden los intereses de multinacionales del petróleo que pretenden exprimir hasta la última gota de oro negro del país conquistado.  O los procesos independentistas de Cataluña, donde lo que de verdad intenta conseguirse es pasa el bastón de mando de una burguesía centralista española a otra separatista catalana, valiéndose esta última de la idiotez de las masas para conseguirlo.

¿Qué hace ese muerto de hambre empuñando un sable junto a un banquero? ¡Que le corte el cuello antes de que intente darle un préstamo!

El nacionalismo burgués es un nacionalismo alienante, es decir, que pervierte la realidad para conducir a los individuos a hacer cosas que no harían si realmente se preocuparan en proteger sus verdaderos intereses. ¿Por qué creo que esto es así? Porque la legitimación intelectual de este nacionalismo no se sostiene ante el contraste crítico con los hechos: lo que realmente justifica la unión nacional de las personas es que posean objetivos existenciales similares, y esto sólo es posible si su manera de subsistir (es decir, de ganarse la vida) responde al mismo esquema. ¿En qué se parece el modo de vida de un banquero que veranea todos los años en Cancún con el de un funcionario al que acaban de joder rebajándole el suelo y quitándole la paga extra? En nada. No puede justificarse el vínculo nacional entre toda la población si existe un sector de la misma que se descoyunta para poder comer y pagar las deudas y otro sector que vive la dolce vita tocándose las pelotas en un despacho. ¿Existe, pues, un nacionalismo legítimo? Sí, ya te lo explico.

El nacionalismo de clase.

El nacionalismo de clase considera que la Patria está integrada por ciudadanos que, además de compartir vínculos históricos y culturales, comparten un modo de vida caracterizado por las actividades económicas que deben realizar para subsistir. En este nacionalismo, pues, es un nacionalismo emancipador y no alienante, porque al defenderlo el ciudadano no está siendo manipulado para luchar por intereses ajenos, sino que defiende los suyos propios, al ser estos los mismos que tiene el resto de individuos de su nación.

El nacionalismo de clase aplicado a la clase trabajadora es importantísimo en su lucha de clases contra la burguesía, porque su asunción permite la adquisición de conciencia de clase, es decir, de conocimiento acerca de los verdaderos intereses que el trabajador debe defender para su beneficio y la identificación de la burguesía como colectivo que lo explota y parasita. Al adquirir conciencia de clase, el obrero se da cuenta de que comparte objetivos vitales con otros muchos sujetos y que es posible luchar todos juntos para aumentar las probabilidades de conseguirlos, como antes los cazadores-recolectores se agrupaban para aumentar las probabilidades de cazar un bisonte.

Volviendo al principio, es evidente que este nacionalismo de clase satisface de manera mucho más efectiva la necesidad de aglomeración social del hombre: la Patria de clase es un verdadero colectivo humano de individuos que no sólo comparten historia y cultura (que también), sino además la lucha común por la autonomía grupal y personal y la subsistencia, convirtiendo la nación en un sólido bloque de semejantes conscientes de serlo y satisfechos en sus necesidades de gregarismo.

Realmente el nacionalismo burgués es un nacionalismo de clase. Pero de clase burguesa, e intenta imponerse al resto de la sociedad.

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