miércoles, 19 de septiembre de 2012

Por qué te conviene saber qué es el comunismo.

Una vez más, opinemos sin más fuente que Wikipedia, que para algo somos hijos de nuestro tiempo.

Viendo a esos voluntarios activistas que reparten periódicos internacionalistas a cambio de un par de monedas, me he puesto a pensar sobre el comunismo. Durante un tiempo me sentí comunista, y aún hoy estoy de acuerdo con muchas de sus ideas, aunque tiendo a pensar que se han quedado anticuadas. Esto es así, en mi opinión, porque el marxismo fue creado en base a un análisis sociológico que ya no es válido: Occidente, el mundo desarrollado, ha cambiado demasiado a nivel social desde el siglo XIX como para poder seguir aplicando las doctrinas comunistas ortodoxas.

¿Existe un ser humano tras esa barba? Cómo saberlo...

No obstante, creo que algo redime al marxismo: su método. En mi opinión, el materialismo histórico (nombre que recibe el método marxista para estudiar la Historia) es la mejor forma de estudio de la historia humana que existe, y se mantiene vigente aún en la actualidad, aunque las consecuencias a las que se llegue aplicándolo hoy en día sean diferentes a las que llegaron Marx y Engels en el Manifiesto Comunista. Resumiendo mucho, para Marx, allá por la mitad del siglo XIX, el destino de las sociedades europeas industrializadas era la bipolarización progresiva en dos clases antagónicas: la burguesía y el capitalismo. La cohesión de la clase trabajadora y su toma del poder, triunfando en la lucha de clases contra los capitalistas, era para los comunistas una necesidad histórica, es decir, algo que ha de ocurrir sí o sí debido a las reglas del juego. No hace falta tener muchas luces para darse cuenta de que esto no es lo que ha ocurrido finalmente.

¿Qué ha pasado entonces? Opiniones hay muchas, tantas como corrientes revisionistas del comunismo aparecieron cuando se hizo evidente que Marx se había equivocado (el alemán llegó a decir que Rusia, debido a su atraso histórico, era uno de los últimos países en los que podía ocurrir una revolución comunista...). En mi opinión, Lenin explica muy bien la maniobra del capital para evitar el funesto destino (para ellos) que el Manifiesto Comunista les describía: la polarización social existe y se está dando, pero a una escala mundial, más allá de las sociedades occidentales. La explotación de la mano de obra, de la clase trabajadora, se da en países donde por sus circunstancias es muy poco probable la organización obrera, haciendo que la persistencia del sistema esté asegurada. Mientras tanto, al antiguo proletariado europeo que sí estaba en condiciones de hacer la revolución en caso de seguir siendo explotado, se le han brindado ciertas concesiones económicas que les permiten tener un poder adquisitivo lo suficientemente alto como para desactivar las ganas de salir a hacerse pegar por la policía. Mediante el soborno, el capital ha creado lo que Lenin llama "aristocracia obrera", es decir, una clase que está igualmente obligada a vender su fuerza de trabajo (carece de la propiedad de los medios de producción, y por lo tanto trabajar es la única forma de sobrevivir que tiene) pero que gracias a la explotación del proletariado y el campesinado de países más pobres puede vivir de manera aceptable, haciéndose menos visible (y menos intenso, también) la alienación y el expolio al que se nos somete, y por lo tanto, ocultando la lucha de clases que deberíamos estar librando explícitamente. Es la maldición de la clase media.

La evidencia de que Marx se equivocó. ¿Quién no ha gastado dinero paseando por una de estas mierdas?

Las condiciones han cambiado, pues. Y por tanto, las predicciones de Marx se han vuelto inútiles. No obstante, muchos conceptos marxistas son indispensables para comprender la situación actual. Veamos algunos de ellos.

La lucha de clases.

Marx comienza el Manifiesto Comunista diciendo "la historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases". La lucha de clases es el conflicto que surge entre clases sociales (caracterizadas por su relación respecto a los medios para producir) como consecuencia de ciertas relaciones económicas que establecen entre sí. En el caso del feudalismo, por ejemplo, la lucha de clases se dio en un principio entre la nobleza, que poseía los medios de producción (molinos, tierras, puentes, carreteras...) y el pueblo llano, que sólo disponía de sí mismo para trabajar. Con el tiempo surgió la burguesía y empezó a desplazar a la nobleza de su papel predominante en la economía, hasta que se creó una situación insostenible: mientras que el poder político seguía en manos de la nobleza, era la burguesía quien ostentaba el poder económico (quien tenía el dinero). A esta situación insostenible se dio solución con las revoluciones liberales (la independencia de los EEUU, la Revolución Francesa, las revoluciones liberales de 1820, 1830 y 1848...), en las que los capitalistas construyeron las modernas democracias burguesas inspirados por la ideología de la Ilustración. Te explico cómo hacer revoluciones más detalladamente aquí y aquí

Todo sistema político (el estado), cuando no está en crisis, es el instrumento de la clase que posee los medios de producción para someter al resto. Marx predijo que con el paso del tiempo el proletariado (trabajadores nacidos gracias a la industrialización) crecería en número y se encontraría cada vez más depauperado, es decir, cada vez sería más pobre y más explotado por la burguesía, y que tanta tensión social acabaría estallando en la Revolución Social. Esto es, existe una lucha de clases entre la clase trabajadora y los capitalistas. Como ya ocurrió al final del feudalismo, es una clase la que tiene el poder económico (el proletariado en este caso) pero es otra la que dispone del poder político (la burguesía). No sólo esto, sino que además de la existencia de condiciones materiales que favorecen la emancipación de la clase trabajadora, ésta también pasa a disponer de una ideología que vertebra sus reivindicaciones: el marxismo.

Publicidad soviética. El proletariado gana la lucha de clases echando de una patada al capitalismo.

Como ya hemos dicho, Marx se equivocó en su predicción. Hoy en día las cosas no son tan simples. El proletariado es una pequeña fracción de una clase media que abarca a la gran mayoría de la población. Dentro de esta clase media existen trabajadores (gente que no dispone de medios de producción y que por tanto sólo puede vender su fuerza de trabajo), pero también pequeños empresarios, profesionales liberales como médicos, abogados, arquitectos, etc... La clase media es muy heterogénea, quizá demasiado como para tomar conciencia de sí misma. No obstante, podemos seguir analizando la sociedad, desde el punto de vista económico, con el concepto de la lucha de clases. Por un lado, tenemos a los grandes capitalistas (banqueros, dueños de empresas transnacionales y otros magnates) quienes utilizan su enorme influencia económica para manejar el poder político a su antojo. Por el otro, tenemos a la gran clase media que constituye la mayoría de la población y que, con la crisis, comienza a entender que se encuentra en una situación comprometida para sus intereses (que consisten, más que en enriquecerse a toda costa, en sobrevivir). Las manifestaciones que vemos en la calle no son más que la cara visible de la lucha de clases que hoy en día se está dando entre la clase media y los capitalistas. Es una lucha que está en fase embrionaria aún: la clase media carece de la conciencia de tener objetivos comunes y aún no están las cosas lo suficientemente mal como para que todos nos veamos obligados a salir a la calle (o a tomar otras medidas más expeditivas), pero la torpeza de los gobernantes y sus patrones (los capitalistas) parece llevarnos a ese camino. Tarde o temprano esto empeorará y la lucha de clases se hará más evidente.

El trabajador es el creador de riqueza, mientras que el burgués es un parásito.

No soy economista, así que explicaré esto de una manera muy burda, y quizá no del todo correcta. Pero vamos allá. 

Crear riqueza es añadir a un bien material un valor del que antes carecía. Por ejemplo, un juguete tiene más valor que las piezas de las que está compuesto. Si no fuera así, no valdría la pena producirlo. En el proceso de creación de riqueza intervienen dos elementos: los medios de producción (los materiales, la maquinaria necesaria para la fabricación, el dinero que es necesario invertir en distribución, etc.) y la fuerza productiva (el trabajo humano que, utilizando los medios de producción, crea el nuevo producto). 

En nuestra sociedad, la clase trabajadora, al carecer de la propiedad de los medios de producción, sólo puede aportar la fuerza productiva en la actividad económica, es decir, lo único que puede hacer para ganar dinero es trabajar. Para trabajar, el trabajador se desplaza físicamente a un sitio concreto e invierte un tiempo determinado (la jornada de trabajo) para recibir a cambio un salario. El salario, a su vez, lo recibe de la clase burguesa, que es quien dispone de los medios de producción y los deja a los trabajadores para que creen nuevos productos con ellos. ´

El burgués no necesita trabajar, sino sólo ofrecer los medios de producción de los que dispone y dar una pequeña parte de la riqueza que los obreros generan con ellos a modo de salario. Analizando la situación, se ve claramente que, en lo relativo a las clases sociales, la única realmente imprescindible es la clase trabajadora, puesto que siempre será necesario en la creación de riqueza que alguien aporte la fuerza productiva, una fuerza productiva que no puede desligarse del individuo que la ejerce. Por otra parte, los capitalistas disponen de unos medios de producción que, al fin y al cabo, son bienes materiales. El capitalista no es el medio de producción, a diferencia del trabajador, que sí es la fuerza productiva. El capitalista, pues, no es los medios de producción, sino que los tienen en propiedad y sólo por ello (por "tenerlos") se lleva la mayor parte de la riqueza que los trabajadores generan. La conclusión es sencilla: el sector poblacional que crea la riqueza es la clase trabajadora, puesto que lo que aporta el burgués (los medios de producción) sólo es suyo porque él puede decir que es suyo (porque el sistema creado por él mismo, la democracia burguesa, consiente la propiedad privada de los medios de producción), permitiéndole esto no tener que trabajar para vivir; y no sólo subsiste, sino que además lo hace con una calidad de vida superior a la de la clase trabajadora. En consecuencia, la clase capitalista es parásita de la clase obrera: quítale los medios de producción y conviértelos en propiedad pública, de toda la clase trabajadora, y la burguesía se morirá de hambre a menos que trabaje.

Un trabajo muy útil el del burgués, claro que sí.

La alienación.

La alienación se define como el desconocimiento de la clase trabajadora de la situación de explotación a la que está sometida por parte de la burguesía. Esto se ve a todas horas en nuestra sociedad actual. Por ejemplo, en ese materialismo superficial que nos convence de que necesitamos bienes que son realmente prescindibles, y cuya compra beneficia a los grandes empresarios. O cuando millones de trabajadores votan a un partido que va en contra de sus intereses de clase. O cuando crees que quienes se manifiestan para mejorar sus condiciones laborales lo hacen porque no tienen ganas de trabajar. O cuando crees que la opinión política y moral de un cura (agente de una institución de control social como la Iglesia) puede llegar a ser relevante y respetable. Se manifiesta la alienación cuando, en general, te arrodillas y se la chupas a los carceleros que te ponen las cadenas.

Es muy conocida la frase de Marx "la religión es el opio del pueblo". Lo que quiere decir es que la religión aliena al trabajador en tanto que prioriza la consecución de extraños e intangibles paraísos en lugar de la construcción de un orden social más justo aquí, en el mundo real, el único que sabemos que indudablemente existe. Además, en el caso de la religión cristiana, se impone un cuerpo doctrinario que doblega la voluntad del ser humano premiando la sumisión, la pobreza ("los pobres de este mundo serán los ricos en el otro" o algo así dijo Yisas Craist) y la fe irracional. Si atas cabos, te darás cuenta de que para una clase dominante tener a la mayor parte de la población sometida, dispuesta a ser pobre sin rechistar (porque cuanto más pobre sea mejor estará tras su muerte, creen) y persiguiendo fantasmas es lo mejor para ejercer un control absoluto sobre la misma.

"El cetro y el trono hechos de oro son fundamentales para mi labor eclesMMFFJAJAJAJAJAJA, no me lo creo ni yo, chachos"

La ignorancia te convierte en un esclavo.

Concluyamos el artículo con esto. El valor de todos estos conceptos reside, por encima de todo, en su utilidad para evitar ser dominado. La incorporación de los valores marxistas al pensamiento social significó una rebelión contra la explotación del hombre por hombre, y señaló la hipocresía de las ideas burguesas que, supuestas abanderadas de la libertad, se encuentran gobernando despóticamente a la mayor parte de la población.

No te pido que seas marxista, porque ni siquiera yo me defino de esa manera, como he dicho antes. Pero sí te recomiendo que reflexiones sobre lo que he comentado hoy, porque todo está relacionado con ese sano escepticismo (la duda metódica que comenté hace un tiempo) que marca la diferencia entre ser un borrego ignorante o un librepensador que quita el sueño a los tiranos.