martes, 29 de mayo de 2012

Las revoluciones pacíficas son los padres (II)

Hablemos un poco de lo que no sabemos; en una entrada anterior califiqué de ingenuo al movimiento 15M por no comprender los mecanismos que hacen posible una revolución. Me refería, sobre todo, al pacificismo, que es incompatible con cualquier movimiento revolucionario dada la esencia de éste. Aquí explicaré con más detalle cuáles me parecen los puntos flacos del 15M, qué es lo que se está haciendo mal. Primero, hagamos un resumen de la situación (explicado más extensamente aquí).

Puede resumirse el sistema democrático actual diciendo que es una puta mierda aberrante, un ente decadente creado a partir de unas ideas nobles en principio pero deformadas posteriormente hasta convertirse el conjunto en una máquina atroz. Aunque explicado más extensamente en mi entrada anterior, podemos decir que nuestro modelo de estado carece de legitimidad democrática por no disponer de un sistema electoral que asegure la representatividad de los gobernantes y porque utiliza el monopolio de la violencia con el fin de perpetuarse en el poder más que para asegurar el bienestar a sus ciudadanos.

"¡Jajaja! Legitimidad democrática, dicen. Estos súbditos tienen unas días más raras hoy en día..."

Siendo así, se hace necesario para todos los individuos que aspiramos a la justicia y la libertad, cambiar el sistema por uno realmente democrático. El funcionamiento del sistema actual, como ya explicamos, es incompatible con el de una democracia verdadera. Las reformas necesarias afectan de manera tan directa a los intereses de las élites económicas que esperar un cambio desde arriba es ingenuo. La única posibilidad de cambio tendrá que venir, pues, desde el pueblo.


Personalmente, creo que para que los movimientos populares sean exitosos deben coexistir dos elementos en el mismo tiempo y espacio: unas determinadas condiciones materiales que hagan inestable la situación política y posible la movilización del pueblo; y un vector director de la misma, es decir, una ideología que la guíe. La razón por  la que en la situación actual el colectivo 15M está lejos de conseguir algo es, precisamente, porque AÚN carece de esas dos cosas.

Pongamos un ejemplo de revolución exitosa: la Revolución Francesa. La Revolución Francesa supuso la toma del poder político por parte de la burguesía, derrocando el antiguo régimen feudal y creando el estado moderno burgués en el que actualmente vivimos. ¿Por qué razón la burguesía logró triunfar en su revolución? Simplificando mucho las cosas, mi opinión es que esto fue así por dos razones:


  1. Porque las relaciones económicas de los individuos eran incoherentes con el modelo de estado vigente en la época (condiciones materiales). 
  2. Por la aparición de un bloque ideológico que sentaba las bases del nuevo modelo de estado que se pretendía construir (guía ideológica).

Lo primero se refiere al hecho de que la burguesía ostentaba el poder económico (los estados modernos absolutistas estaban financiados por el dinero burgués acumulado desde finales de la Edad Media) pero carecía del poder político, que se mantenía en manos de los estamentos privilegiados nobiliario y eclesiástico. Una situación en la que un grupo de la población mantiene con vida un modelo de estado que le perjudica es una situación inestable y destinada al derrumbe.

Con el segundo punto estoy hablando de la Ilustración. La Ilustración es la base ideológica sobre la que se asienta nuestro modelo de estado actual: la separación de poderes, la elección por sufragio, el liberalismo económico, la carta de derechos del ciudadano, la secularización del estado y todas esas conquistas conseguidas durante las revoluciones burguesas dejaron atrás el absolutismo, los privilegios por derecho de sangre o la economía de subsistencia poco productiva. La Ilustración es importante porque plantea hacia dónde se pretendía moverse, es decir, qué se iba a construir tras la destrucción del Antiguo Régimen.

Veamos ahora el caso del 15M.

Bonito, pero esto aún no es nada, todavía es un feto de revolución.

Las condiciones materiales.

Las condiciones materiales necesarias para la revolución que nos incumbe están en animación suspendida desde hace más de un siglo. Fíjate que la situación del actual sistema capitalista no dista mucho de la que existente antes de la Revolución Francesa: en la actualidad, el sistema se apoya sobre los hombros de todos los trabajadores que permiten la creación de riqueza y el movimiento del dinero. Puede que te digan que son los emprendedores y los capitalistas los que hacen mover el sistema, pero eso es mentira: todo el dinero que un ricachón pueda tener en el bolsillo SIEMPRE tiene origen en la plusvalía creada por el trabajador mediante su fuerza productiva. El empresario, el capitalista, aquel que dispone de los medios de producción porque tiene un papel que dice que son suyos siempre es un elemento prescindible en la cadena de producción, alguien no estrictamente necesario para la transformación de las materias primas en artículos elaborados. Reparte el capital y la propiedad de los medios de producción entre los trabajadores y el sistema puede continuar siendo productivo (y más justo e igualitario, vaya). Ahora bien, quita al trabajador del esquema y el sistema se viene abajo.

A pesar de esta situación en la que el colectivo que mantiene la economía carece de poder político es similar a la de la Revolución Francesa, hay una diferencia fundamental que trataré a continuación. Como expliqué en la entrada anterior, todas las revoluciones han de ser violentas para triunfar, dado que quienes retienen el poder no lo sueltan voluntariamente. En el caso de las revoluciones burguesas, los ejecutores de la fuerza no fueron los burgueses, sino el pueblo. Esto fue así gracias a la manipulación burguesa de las masas, que prometió Jauja a los campesinos y un par de décadas después se encontraron con que ya no estaban dominados por el señor feudal pero sí por un patrón con sombrero de copa y puro en la boca.

Hoy en día nosotros no podemos mandar a nadie a hacer la revolución por nosotros. La lucha de clases en nuestra época actual se libra de abajo hacia arriba y no podemos cargarle el muerto a nadie. La lucha es violenta y peligrosa, y pecaría de ingenuo si esperara que dada nuestra poca inclinación por la fuerza bruta tras lustros de amansamiento consumista de un día para otro la gente saliera a la calle antorcha en mano a erizar la Gran Vía de barricadas. Las cosas no funcionan de esa manera. Aún así, es todo cuestión de tiempo. Actualmente la mayoría de personas no se para frente a una carga policial por una razón muy simple: no hacerlo es una alternativa más sensata si tenemos en cuenta el balance coste-beneficios. Esto es así porque tenemos muchas cosas que perder. La integridad física es algo fácilmente sacrificable (la historia así lo demuestra) si tu situación económica es tan desesperada que pasar un día en el calabozo es preferible a acabar revolviendo los contenedores en busca de comida o tener que estar dándole esquinazo a tu casero porque no le puedes pagar la renta.

Puedes no concebir una lógica racional tras este personaje. Pero es fácil no concebirla tras tu ordenador con conexión ADSL. Pon a cualquier "europeo civilizado" a vivir en una dictadura opresora que le condena a la miseria y tardará tan poco en coger el Kalashnikov como este chico.

Los políticos están haciendo un trabajo de puta madre condenándonos a rebuscar en los contenedores. No soy ningún profeta, pero si las cosas mantienen la tendencia actual, dentro de poco la pobreza (pobreza real, no me refiero a quedarte un fin de semana sin salir porque no tienes pasta) se convertirá en un problema serio. La situación se volverá insostenible para grandes sectores de la población y ninguna alienación consumista les quitará el hambre ni las ganas de comerse a sus carceleros. Cuando lleguemos a ese punto de los acontecimientos, cuando antiguas familias de clase media se vean obligadas a comer de la basura, cuando los pequeños hurtos se disparen debido a la falta de poder adquisitivo mínimo para la subsistencia, cuando las tensiones sociales rompan la paz ciudadana hasta el punto de mantener a la policía patrullando las calles las veinticuatro horas... cuando ocurra todo eso, entonces las condiciones materiales necesarias y suficientes para que estalle la lucha de clases estarán presentes y la revolución será una posibilidad.

La guía ideológica.

Hemos dicho que faltan las condiciones materiales para la revolución. Pero falta algo casi igual de importancia: unos principios mínimos que, al igual que ocurrió a finales del S. XIX, nos digan qué pretendemos construir una vez que la violencia social se encargue de tumbar el sistema capitalista actual. Esta guía ideológica, en mi opinión, podría encontrar su medio de difusión en un movimiento como el 15M. Pero actualmente estamos lejos de conseguirlo.

El problema es complejo y yo no me considero un iluminado, pero mi opinión es ésta: es indispensable el planteamiento de unos objetivos mínimos con los que cualquier ciudadanos de a pie tenga que comulgar si tiene dos dedos de frente. Se necesita definir objetivos cuanto antes, objetivos que sean concretos (no ambiguos) y que sean aplicables a la práctica política. Objetivos que no sean utópicos, polémicos o difíciles de comprender, sino objetivos pragmáticos que sean fáciles de extender propagandísticamente y que aumenten la eficacia de la presión social sobre las élites gobernantes.

Personalmente, odio ciertos lemas del 15M. Por ejemplo, el exigir "una democracia real". ¿Qué es una democracia real? ¿Cómo se avanza hacia ella? ¿Qué la diferencia de nuestro sistema actual? Exigir una "democracia real" es una exigencia ambigua carente de fuerza verdadera que es fácilmente rebatible por cualquier portavoz del gobierno en una conferencia de prensa: basta con decir que la única democracia posible es la de las urnas que los han llevado al poder.

En lugar de pedir una democracia real y quedarse tan ancho, exijamos cosas concretas a las que sólo se pueda responder con hechos: decidir ponerlas en práctica o desestimarlas. En ambos casos, el dirigente se ha de comprometer de una forma u otra con la demanda ciudadana. Muchas exigencias se pueden formular de esta manera. Ahí van unas cuantas: reformar la ley lectoral, eliminar la monarquía, eliminar el techo para el déficit público en la constitución, declaraciones de deuda odiosa, impedir legalmente el pago de deuda privada con dinero público, salida de la Unión Europea hasta que ésta deje de ser el ángel de la guarda de las grandes fortunas, nacionalización de los grandes bancos para que se sometan al interés nacional y no el de los bolsillos sin fondo, encarcelamiento de los capitalistas responsables de la crisis, evitar que los imputados puedan ser elegidos para cargos públicos... Es posible que no estés de acuerdo con alguna de estas cosas, pero no podrás negar que cualquier de ellas tienen mayor probabilidad de conseguir respuesta que exigir una democracia real o el fin de la dictadura de los banqueros. Todo esto es, más o menos, lo que se hizo en Islandia: establecer cinco principios básicos con los que todos estuvieron de acuerdo y plantarse frente al parlamento hasta que se les hizo caso.

El 15M es un buen inicio.

El 15M está en un estado embrionario, pero va por buen camino. Las condiciones materiales son externas al movimiento indignado (éste es consecuencia de aquéllas), pero los mínimos exigibles llevan elaborándose a través de las asambleas vecinales desde hace un año. Dado que confluyen muchísimas ideologías en cada una de las manifestaciones (basta ir a una de ellas para ver la cantidad de banderas diferentes que hay) el consenso a nivel nacional es complicado, pero necesario si se quiere un cambio real.

Creo que para que esto no se convierta en una oportunidad histórica perdida (una de tantas) es necesario comprender que el momento del cambio se acerca, que nos encontramos ante la situación indicada para reconducir toda la frustración popular nacida de la crisis hacia la creación de un sistema más racional y justo. Es necesario aparcar las utopías y transigir para poder avanzar. Dejar que la fuerza revolucionaria de un movimiento popular que abarca a grandes sectores de la población se diluya por la dificultad de llegar a un consenso (aun cuando nuestros intereses no son tan dispares) sería una desgracia. Comencemos a plantear alternativas.

Esto es la regla general en el mundo, y nuestro carácter excepcional tiene los días contados.

3 comentarios:

  1. Me ha gustado lo de tras tu ordenador con conexión ADSL, y debería conocerse más el concepto de deuda odiosa.

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  2. Me gusto tu articulo aca en Mx puedes comprobar tu teoria revolucionaria, solo enterate bien de los motivos de la narcoinsurgencia que vivimos a traves de los 66 cartels que nos dejo FECAL en que dijo que iba a ser el presidente del empleo y resulto siendo el presidente de los muertos

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