jueves, 31 de mayo de 2012

La falacia del maricón.

Un argumento recurrente de la derecha más rancia para tachar la homosexualidad de inmoral es apelar a que se trata de un hecho contra-natura, es decir, contrario al diseño universal de Dios y, por tanto, contrario a la moral. Dejando de lado el hecho de que la homosexualidad NO es exclusiva de la especie humana, veamos por qué este argumento no se sostiene por sí mismo, sino que constituye lo que se conoce como falacia naturalista.

Para entender la falacia naturalista hace falta explicar por encima la epistemología de Hume. Dado que no es especialmente complicada, si te concentras un poco te resultará interesante y muy útil: además de conocer a Hume (algo que debes hacer si no quieres sentirte mal, como explico en una entrada anterior), te permitirá tapar la boca a esos fachas que creen que sus posturas son defendibles con algo más que la violencia.

Hume decía que el ser humano tiene dos facetas: la de la razón, encargada de la construcción del conocimiento, y la de la emoción, que servía de cimiento para la moral. La moral nos hace calificar los hechos como buenos y malos. El conocimiento, como verdaderos o falsos. Razón y sentimiento se encargan, pues, de asuntos diferentes. Y sin embargo, hacer que ambas transgredan sus respectivos campos es un problema más habitual de lo conveniente.

Tengo dos papadas, y se me recuerda siglos después de mi muerte. ¿Tú qué has hecho con tu vida hasta ahora? 


La razón.


La razón es constructora del conocimiento, y nada más. La clase de ideas constitutivas de conocimiento son de dos tipos: las relaciones de ideas y las cuestiones de hecho.

Las relaciones de ideas son elementos del conocimiento evidentes por sí mismos, necesarios e independientes de la experiencia. El ejemplo más representativo son las verdades matemáticas. Que 2+(2/2)=3 es una verdad evidente por sí misma (no se necesita de más información para saber que es inequívocamente verdadera), necesaria (no se puede concebir que sea de otra manera; uno no puede representar mentalmente esa operación y que le dé un resultado diferente) e independiente de la experiencia,  ya que basta con la concepción imaginaria de la operación matemática para llegar a su resultado, sin necesidad de medir hechos experimentales.

Las cuestiones de hecho son el conocimiento relativo a los fenómenos naturales, que dependen de la experiencia y son contingentes. Que dependan de la experiencia quiere decir que no se pueden conocer cuestiones de hecho hasta que se haya observado un fenómeno natural concreto y se haya analizado la información extraída de él. Uno no puede conocer que el agua hierve a 100ºC sin haberlo observado anteriormente, por pura deducción (como sí ocurre con las verdades matemáticas). Hume pone el ejemplo ficticio de Adán (sí, el tío de la Biblia), que instantes después de ser creado podría deducir que 2+3=5, pero no que el agua hierve a una determinada temperatura o que los metales se oxidan a la intemperie, ya que estos últimos conocimientos requieren de la observación empírica para llegar a ellos. Que la cuestión de hecho sea contingente quiere decir que podemos concebir que sea de otra manera. Uno no puede concebir que 2+2 no sea igual a 4: si coges dos elementos por un lado y dos por el otro, al juntarlos nunca podrás ver un 5. No obstante, sí que puedes concebir que el agua hierva a 50ºC o que el aire tenga una proporción de gases diferente a la que se sabe que tiene. Son hechos contingentes, que pueden ser de otra manera a como en realidad son.

- "XO K ACES LOKA!!1!1!" - "k n psa na, jajaja". Adán y Eva ya vivían por encima de sus posibilidades en el principio de los tiempos.

Independientemente de si lo que la razón analice sea una cuestión de hecho o una relación de ideas, ésta sólo podrá llegar a dos posibles conclusiones: que la proposición es verdadera o que la proposición es falsa.  Si analizamos racionalmente la proposición "el ADN es responsable de la herencia genética" (una cuestión de hecho), sólo podemos concluir dos cosas: que es responsable o que no lo es. Lo mismo con el teorema de Pitágoras (una relación de ideas): o concluimos que la hipotenusa al cuadrado es la suma de los dos catetos al cuadrado o que no lo es. A ninguna otra conclusión podrá llevar el análisis racional con el fin de obtener conocimiento, que es el único fin legítimo con el que puede utilizarse la razón.

El sentimiento.

El sentimiento elabora la moral tal como la entiende Hume. Para Hume, la moral está construida por una serie de sentimientos morales naturales en el ser humano. Estos sentimientos morales (positivos o negativos) son los que nos impulsan a calificar las cosas de buenas o malas. Es decir, ante un hecho nos sentimos a gusto o a disgusto, y en función de esto decimos que el hecho es bueno o malo.

Esto puede parecer una tontería, pero es importantísimo: se nos dice que los sentimientos son causa de los valores morales y no consecuencia. No es que hacer el bien o el mal nos haga sentir placer o angustia, sino que al provocarnos algo placer o angustia decimos que es bueno o malo respectivamente.

Con esto Hume se carga cualquier concepción de los valores morales como elementos universales e independientes del ser humano (Descartes y muchos otros filósofos intentaron crear una ética universal, y Hume intenta desmontarles el chiringuito). Para Hume los sentimientos morales modelan la ética, ya que los valores morales no existen de manera objetiva, sino que los construimos los seres humanos desde nuestra propia emoción. La única objetividad (o más bien intersubjetividad) que puede tener la moral reside en el hecho de que todos los seres humanos, por tener una constitución biológica similar, tenemos sentimientos muy similares. Así, una esperanza para la universalidad de los valores morales está en la empatía que sentimos los seres humanos unos con otros por tener sentimientos morales parecidos, que permite compartir una ética basada en el sentido común. Ahora, hagamos una síntesis y volvamos con los homosexuales, el tema de esta entrada.

La falacia naturalista.

La falacia naturalista consiste en decir que algo es bueno o malo por estar en concordancia o en discordancia con la naturaleza. Antes mencionábamos como ejemplo el afirmar la maldad inherente a la homosexualidad por ser (según los retorcidos estudios etológicos made in Iglesia Católica) contraria a la naturaleza. Otro caso es el de fundamentar las bondades del sistema capitalista en que éste es competitivo igual que la vida en la naturaleza, en la que las especies de un ecosistema compiten por su supervivencia.

La falacia en esta clase de afirmaciones está clara: se argumenta que algo es bueno o malo (campo del sentimiento) basándose en cuestiones de hecho (campo de la razón). Las cuestiones de hecho, es decir, los fenómenos naturales (como la homosexualidad de los animales o la competitividad de la vida salvaje) son hechos que sólo pueden ser verdaderos o falsos, nunca buenos o malos por sí mismos. Puedes llegar a creer que golpearte en la cabeza es "malo" por sí mismo porque te hace daño, pero si vamos a lo racional, únicamente es un hecho que puede ser verdadero (te has golpeado en la cabeza) o falso (no te has golpeado en la cabeza). Son tus sentimientos acerca del golpe lo que, a posteriori, te inclinan a calificarlo como algo malo. 


Argumentar que la homosexualidad es mala porque es contra-natura es falaz porque de un hecho que sólo puede ser verdadero o falso (la homosexualidad existe o no existe en los animales) se intenta llegar a una conclusión moral (la homosexualidad es buena o mala). Es decir, del campo que sólo puede ser estudiado por la razón se intenta llegar a afirmaciones en el campo del sentimiento.


"¿Qué me dices, palomita? ¿Que los prenda fuego a todos? LA NATURALEZA HA HABLADO. DIOS ES MI AMIGO".

En consecuencia, puedes decir que la competitividad o la homosexualidad te parecen buenas o malas (porque te despiertan sentimientos de agrado o disgusto), pero no que la homosexualidad o la competitividad social son buenas o malas PORQUE existen o no de manera natural. Que existan o no existan en la naturaleza es sólo un hecho que, si se quiere analizar, corresponde a la razón. Que te parezcan buenas o malas nunca son hechos racionales, pues proceden del sentimiento.


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