jueves, 31 de mayo de 2012

El conflicto sexual: por qué te dejas el alma para intentar follar y a ellas les basta no tener dolor de cabeza.

En nuestra sociedad se da un fenómeno interesantísimo: a pesar de que el número de hombres y mujeres en nuestra población es prácticamente el mismo, parece ser mucho más fácil para las mujeres que para los hombres acceder al sexo. Todos tenemos teorías acerca de por qué esto es así, pero me interesaba saber si la ciencia tiene algo que decir al respecto, y he encontrado un artículo muy interesante de dos psicólogos evolutivos sobre este asunto. Al parecer las diferentes estrategias reproductivas en los sexos de una misma especie dan lugar a un fenómeno que en la ciencia llamamos conflicto sexual.


El artículo original estaba en inglés, así que lo he traducido al castellano para que todo el mundo lo entienda. Si os interesa leer el trabajo original, lo podéis encontrar aquí.


El conflicto sexual en humanos: consecuencias evolucionistas de la inversión parental asimétrica y la incertidumbre de paternidad.

Aaron T. Goetz y Todd K. Shackelford.

California State University y Florida Atlantic University.

Resumen.

Argumentamos que el conflicto sexual fue una característica recurrente de la historia de la evolución humana, igual que en la historia de la evolución de cualquier especie que se reproduce sexualmente y que no practica la monogamia genética a largo plazo. Sugerimos que el origen de gran parte del conflicto entre hombres y mujeres puede reducirse a una asimetría en la biología reproductiva. Esta asimetría (la fecundación y la gestación ocurre dentro de las mujeres) produce a) diferencias en cuanto al sexo respecto a la inversión parental mínima obligatoria y b) en la incertidumbre de paternidad. Defendemos que las consecuencias de la fecundación y gestación internas son responsables de muchos fenómenos en los humanos, como la coerción sexual, el escepticismo ante el compromiso, la sobrepercepción sexual y, además, se encuentran relacionadas con adaptaciones asociadas a la competición del esperma.

Introducción.

La evolución por selección natural es la piedra angular de la biología, y en las últimas décadas muchos psicólogos han reconocido el valor de la utilización de una perspectiva evolucionista par guiar su trabajo. Los psicólogos evolutivos pretenden entender el pensamiento, emoción y conducta humanos actuales a través de un estudio cuidadoso de la historia de la evolución humana. A lo largo de nuestra evolución, los humanos hemos encontrado frecuentemente muchos problemas adaptativos que necesitaron una solución si queríamos asegurarnos la supervivencia y la reproducción. A lo largo de millones de años, la selección natural ha dado forma lentamente al cerebro humano, favoreciendo unos circuitos neurales por encima de otros para resolver los problemas adaptativos de nuestros ancestros.

Cogiendo un ejemplo sencillo, nuestra actual preferencia por el sabor de las comidas con alto contenido en azúcares y grasa es fácilmente comprendida desde la perspectiva de la psicología evolutiva. Esta preferencia apareció como una adaptación cuando dichas sustancias no se encontraban disponibles en altas concentraciones (como sí ocurre ahora). Así, nuestros ancestros estaban motivados a buscar alimentos calóricamente densos y nutritivos, lo que suponía una conducta adaptativa para el entorno de entonces. A pesar de que esta preferencia por ciertos sabores tiene consecuencias negativas para la salud hoy en día (diabetes, enfermedades cardiovasculares, obesidad...), todavía mantenemos esta predilección evolutiva. Los individuos pueden modificar voluntariamente su conducta para evitar las comidas ricas en azúcar y grasa (mediante una dieta) pero no puede modificar su gusto por dichas comidas.

La aplicación moderna de los principios evolucionistas para estudiar la psicología humana y el comportamiento ha abierto nuevas vías de investigación que no existían hace veinte años. Una de estas líneas de investigación estudia el conflicto sexual en humanos. El conflicto sexual ocurre cuando los intereses evolutivos de hombres y mujeres divergen (Parker, 1979; Trivers, 1972). Aunque el apareamiento humano es normalmente visto como una aventura cooperativa entre dos individuos de sexos opuestos con una meta reproductiva común, los intereses evolutivos de los hembras y machos humanos son ciertamente asimétricos (Buss, 1989). Una revisión de la literatura científica que estudia los índices de infidelidad a lo largo de la vida y los índices de discrepancia paterna indican que los humanos no somos una especie monógama. Los índices de infidelidad varían dependiendo de cuándo, como y a quién se le pregunta, pero docenas de estudios documentan que la infidelidad es habitual, y los ratios de infidelidad en algunas muestras superan el 50% (Koehler & Chisholm, 2007). Los índices de discrepancia paterna (también llamados índices de cuernos o índices de no-paternidad) reflejan una clara consecuencia reproductiva de la infidelidad femenina (cuando los hombres, sin saberlo, crían niños con los que no están relacionados genéticamente), y estos índices (incluso tras la llegada de los anticonceptivos modernos) están sólidamente por encima de 0% e incluso llegan al 30% en algunas muestras (Anderson, 2006; Bellis et al., 2005; Cerda-Flores et al., 1999; Sasse et al., 1994).

Los biólogos han identificado dos tipos de conflicto sexual: conflicto sexual intrasexual y conflicto sexual intersexual (Arqvist & Rowe, 2005). El conflicto sexual intrasexual ocurre por características compartidas entre hombres o entre mujeres y en las que hay una selección enfrentada. En los humanos, por ejemplo, las caderas anchas están favorecidas evolutivamente en las mujeres para facilitar el parto (Rice & Chippindale, 2008). El conflicto sexual intersexual ocurre cuando una misma característica está codificada por diferentes genes en hombres y mujeres, produciendo conflicto entre ellos al darse la interacción sexual. Esta forma de conflicto, que es el foco primario de los estudios de los psicólogos evolucionistas, abarca gran parte de lo que pensamos cuando observamos el conflicto sexual en especies no humanas (canibalismo sexual, adaptaciones morfológicas en el pene o dardos del amor).

Los humanos, obviamente, no practicamos el canibalismo sexual, no tenemos órganos de sujección en el abdomen ni producimos dardos del amor. En los humanos, las características adaptativas originadas por el conflicto sexual suelen ocurrir en la forma de mecanismos psicológicos. Más abajo analizamos la evidencia del conflicto sexual en humanos y su reflejo en el diseño de mecanismos psicológicos; pero antes, discutiremos el origen del conflicto sexual en humanos.

¿Por qué el conflicto sexual?

El conflicto sexual en los seres humanos se deriva de una asimetría en la biología reproductiva. La fecundación y la gestación ocurren en el interior de las mujeres, y esta forma de reproducción sexual tiene dos consecuencias que son relevantes en el conflicto sexual humano: asimetría en la inversión parental e incertidumbre sobre la paternidad.

Conflicto sexual asociado a la inversión parental.

La fecundación y gestación internas producen una diferencia en la inversión parental en la descendencia (Trivers, 1972). La inversión parental mínima obligatoria (la cantidad mínima de tiempo que es necesario invertir para producir descendencia) en mujeres es significativamente mayor que en los hombres, puesto que dura al menos 9 meses. En comparación, la inversión parental obligatoria del hombre puede terminar con una única cópula. Esta diferencia en la inversión parental mínima obligatoria tiene profundos efectos en la estrategia reproductiva que los hombres y mujeres persiguen. Diferentes estrategias de apareamiento (orientadas más al corto plazo u orientadas más al largo plazo) ocurren dentro de un mismo sexo (Gangestad & Simpson, 2000), pero son especialmente pronunciadas entre sexos diferentes (Buss & Schmitt, 1993; Schaller & Murray, 2008; Schmitt, 2005). Debido a que la inversión parental mínima obligatoria de los hombres es considerablemente menor que la de las mujeres, los costes asociados con el apareamiento rápido e indiscriminado son mucho mayores para las mujeres que para los hombres. El apareamiento rápido e indiscriminado podría costarle a una mujer sustanciales tiempo, energía y recursos si la concepción finalmente ocurre, mientras que la reproducción puede ser mucho menos costosa para un hombre (Bateman, 1948). La teoría de la inversión parental (Trivers, 1972) establece que el sexo que tiene la inversión parental mínima obligatoria más larga será el que más discrimine entre pretendientes en el apareamiento, mientras que el sexo con la inversión parental más corta será el que más competirá para acceder la cópula con el sexo con más inversión parental. Esto explica y predice gran parte del conflicto sexual observado en humanos. Por ejemplo, la teoría de la inversión parental predice que el conflicto sexual ocurrirá cuando hombres y mujeres persigan su estrategia de apareamiento óptima (aquélla que les reporte mayor beneficio reproductivo). Sin la carga de una inversión parental larga, los hombres se benefician más que las mujeres de la estrategia de apareamiento a corto plazo y de la inversión parental reducida. Por otra parte, las mujeres se benefician más, habitualmente, de plantear estrategias de inversión parental largas y a largo plazo. Este conflicto entre estrategias de apareamiento de hombres y mujeres explica una gran cantidad de fenómenos, pero aquí discutiremos brevemente sólo dos: la coerción sexual y los prejuicios cognitivos.

El conflcto sexual asociado con asimetría en la inversión parental mínima obligatoria explica por qué, histórica e interculturalmente, los hombres son los perpetradores y las mujeres las víctimas de la coerción sexual y la violación, y no ocurre al revés. Aún no se conoce si la psicología asociada a la violación es una adaptación que fue directamente seleccionada o un subproducto de otros mecanismos psicológicos (McKibbin et al., 2008), pero lo que sí se conoce es que la coerción sexual es una consecuencia del conflicto por el acceso al sexo. Se sigue de la teoría de la inversión parental que los hombres tendrán un deseo más intenso por la variedad sexual y serán sexualmente más persistentes, mientras que las mujeres serán sexualmente restringidas (Buss & Schmitt, 1993; Schaller & Murray, 2008; Schmitt, 2005).

El conflicto sexual asociado con la inversión parental también puede explicar algunos prejuicios cognitivos en hombres y mujeres. Los prejuicios cognitivos son mecanismo de interferencia en la cognición que facilitan la aparición de falsos positivos y falsos negativos. Como está predicho por la teoría de inversión sexual, los hombres insisten en sobrevalorar el interés sexual de las mujeres en ellos (por ejemplo, inferir interés sexual de una sonrisa amigable femenina), ya que este error es menos costoso evolutivamente que subestimar el interés sexual de las mujeres y perder una oportunidad para aparearse (Abbey, 1982; Haselton, 2003; Haselton & Buss, 2000; Maner et al., 2005). Las mujeres, sin embargo, son más propensas a subestimar el compromiso sexual en los hombres (inferir que las muestras de compromiso son falsas, engañosas), ya que este error fue probablemente menos costoso para las mujeres primitivas que sobrevalorar el compromiso de los hombres y arriesgarse a que estos deserten durante la cría de la descendencia (Haselton & Buss, 2000).

Conflicto sexual asociado con la incertidumbre de paternidad.

Una segunda consecuencia potencial de la fecundación y gestación internas es la incertidumbre de paternidad. Debido a la fecundación y gestación internas, los hombres ancestrales podían no estar seguros de que sus niños eran, de hecho, genéticamente suyos. Las mujeres ancestrales, habiendo dado a luz, tenían certidumbre en la maternidad. La fecundación y gestación internas implican que los hombres ancestrales podrían haberse enfrentado a la incertidumbre en la paternidad. ¿Fue realmente así? ¿Fueron los hombres ancestrales víctimas de los cuernos, invirtiendo recursos en la cría de hijos que no eran suyos? Incluso sin una observación directa del entorno ancestral, la respuesta es un sí rotundo. Cuando consideramos los diferentes estudios que se han hecho sobre el tema [en el original en inglés los cita todos], se vuelve claro que la infidelidad en las mujeres y los cuernos fueron características habituales de nuestra historia evolutiva. Las consecuencias evolutivas de la infidelidad femenina son muchas, pero aquí discutiremos brevemente una: el conflicto que ocurre durante o después del apareamiento, conocido como competición del esperma.

La competición del esperma es una consecuencia de la competencia de los hombres por la fecundación (Parker, 1970). Si las mujeres se aparean de una forma que coloca esperma de dos o más hombres en su tracto reproductivo, esto genera muchas presiones a nivel de selección natural en el esperma de los hombres. Si este fenómeno se extiende en el tiempo en la historia evolutiva de un hombre, los hombres pueden desarrollar adaptaciones anatómicas, fisiológicas y psicológicas para ayudar a su esperma a competir contra el esperma rival por la fecundación. Como discutimos arriba, la infidelidad femenina fue una característica habitual en nuestra historia evolutiva, y la investigación se ha dedicado al estudio de las características masculinas psicológicas, anatómicas y fisiológicas asociadas con la competición del esperma.

Las adaptaciones anatómicas relacionadas con la competición del esperma incluyen un aumento en el tamaño de los testículos y morfología específica en el pene. El tamaño relativo de los testículos humanos (0'08% del peso corporal) es bajo en comparación con el tamaño relativo de los testículos de chimpancés altamente promiscuos y de gorilas polígamos, lo que sugiere niveles intermedios de competición del esperma en nuestro pasado evolutivo. Para poner a prueba la hipótesis de que el pene humano ha sido modelado por la selección natural para desplazar el semen depositado por otros hombres en el tracto reproductivo de una mujer, Gallup et al. (2003) usó genitales y semen artificiales para simular la cópula. Los resultados indicaron que los falos artificiales con glande y borde coronal que más se parecían al pene humano desplazaron mayor cantidad de semen artificial que los falos que no tenían dichas características. Cuando el pene se inserta en la vagina, el frenillo y el borde coronal hacen posible el desplazamiento del semen al permitir que éste fluya hacia atrás por debajo del pene, junto al frenillo y arrastrado por el borde coronal.

Ingeniería alemana.

En cuanto a las adaptaciones psicológicas, existe la intrigante posibilidad de que los hombres, prudentemente, coloquen su esperma de acuerdo a las señales que existan de competición del esperma. Baker y Bellis (1989, 1993) documentaron una relación negativa entre la proporción de tiempo que una pareja ha pasado junto desde su última cópula y la cantidad de esperma eyaculado en la siguiente cópula con la misma pareja. A medida que el tiempo pasado juntos desde la última cópula disminuye, hay un incremento predecible en la probabilidad de que la compañera del hombre haya sido inseminada por otro hombre (o sea, dado un tiempo X tras la última cópula, a más tiempo de X que se haya pasado con la pareja, menos probable es que ésta haya sido inseminada por otro hombre). Análisis adicionales indican que la proporcióon de tiempo que una pareja ha pasado junta desde su última cópula permite predecir la cantidad de esperma eyaculado en la próxima cópula, pero no en la próxima masturbación del hombre (Baker & Bellis, 1993). También apoya la hipótesis de que los hombres ajustan sus eyaculaciones de acuerdo a la teoría de la competición del esperma que la evidencia experimental ha demostrado que los hombres que ven imágenes que señalan competición del esperma producen eyaculaciones más competitivas que hombres viendo imágenes en las que las señales de competición del esperma están ausentes (Kilgallon & Simmons, 2005). Kilgallon y Simmons documentaron que los hombres producen un mayor porcentaje de esperma móvil en las eyaculaciones tras ver imágenes sexualmente explícitas de dos hombres y una mujer (señal de competición del esperma) que tras ver imágenes sexualmente explícitas de tres mujeres.

Inspirado por las demostraciones de adaptación psicólogica masculina a la competición del esperma de Baker y Bellis (1989, 1993), Shackelford y sus colegas (2002, 2007) documentaron que los hombres pueden poseer adaptaciones psicológicas que disminuyen la probabilidad de que el esperma de un hombre rival fertilice el óvulo de su pareja. En dos muestras independientes, los hombres con una mayor proporción de tiempo separados de sus parejas desde su última cópula (y por tanto, con un aumento implícito del riesgo de competición del esperma) perciben a sus parejas como sexualmente más atractivas, están más interesados en copular con sus parejas, reportan que sus parejas están más interesadas en copular con ellos y afirman tener mayor angustia y persistencia ante el rechazo sexual de sus parejas respecto a los hombres que pasaron una menor proporción de tiempo apartados de sus parejas. Estos efectos fueron independientes de la satisfacción de los hombres con su relación afectiva, del tiempo pasado desde la última cópula y del tiempo total apartados de la pareja, lo que excluye muchas explicaciones alternativas. Estos cambios perceptivos pueden motivar a los hombres a copular tan pronto como sea posible con sus compañeras, poniendo, así, su esperma en competición con cualquier otro esperma rival que puediera estar presente en el tracto reproductivo de su pareja.

La pregunta de si la competición del esperma ha sido una importante presión selectiva durante la evolución humana se mantiene como algo polémico, y más investigación es necesaria para esclarecer el asunto. Como decíamos arriba, sin embargo, hay fuerte evidencia de que aspectos de la anatomía, psicología y fisiología masculinas pueden reflejar adaptaciones para la competición del esperma (mirar también Goetz et al., 2008).

Conclusiones.

Los intereses evolutivos de los hombres y mujeres humanos son ciertamente asimétricos, por lo que no hay razones para dudar de que el conflicto sexual ha ocurrido a lo largo de nuestra historia evolutiva. Realmente, el conflicto sexual en humanos es un creciente campo de estudio entre los psicólogos evolutivos, y muchos investigadores han estudiado el conflicto por el acceso sexual (McKibbin et al., 2008), el conflicto que ocurre durante y después del apareamiento (Shackelford & Goetz, 2007) o el conflicto que se da después de la concepción (Anderson et al., 2007), por ejemplo.

La reticencia de Arnqvist y Rowe (2005) a discutir el conflicto sexual en su monografía Sexual Conflict, puede ser atribuible a diferentes aproximaciones empíricas empleadas por psicólogos evolutivos. Arnqvist y Rowe delimitaron seis métodos de investigación que han sido utilizado para documentar el conflicto sexual, tales como la investigación genética, la manipulación fenotípica, la evolución experimental y los estudios comparativos, y sólo un par de estos están listos para ser aplicados a poblaciones humanas. Los psicólogos evolutivos no pueden utilizar técnicas de evolución experimental o de ingeniería genética para estudiar el conflicto sexual en humanos, por ejemplo. Tienen a su disposición, no obstante, métodos adicionales que están muy desarrollados en la investigación con sujetos humanos y que no puedes ser empleados en estudios con animales no humanos. La metodología de encuesta que asegura las percepciones subjetivas y la historia conductual provee un medio útil de acceso a la cognición y conducta humanas.

Las metodologías que miden el tiempo de reacción proveen un acceso más objetivo a los procesos perceptuales y motivacionales. Y más recientemente, las técnicas de neuroimagen permiten a los investigadores estudiar el diseño modular de la mente humana, investigando hipotéticos circuitos neurales relacionados con mecanismos psicológicos. Como psicólogos evolutivos dedicados a entender cómo la mente humana ha sido modelada por la selección natural, estamos en posición de poner a prueba hipótesis sobre cómo las mentes de hombres y mujeres han evolucionado para resolver problemas originados por el sexo opuesto.


2 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Agh, y mira que lo he mirado unas cuantas veces para ver si había errores. Gracias por el aviso.

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