jueves, 31 de mayo de 2012

El conflicto sexual: por qué te dejas el alma para intentar follar y a ellas les basta no tener dolor de cabeza.

En nuestra sociedad se da un fenómeno interesantísimo: a pesar de que el número de hombres y mujeres en nuestra población es prácticamente el mismo, parece ser mucho más fácil para las mujeres que para los hombres acceder al sexo. Todos tenemos teorías acerca de por qué esto es así, pero me interesaba saber si la ciencia tiene algo que decir al respecto, y he encontrado un artículo muy interesante de dos psicólogos evolutivos sobre este asunto. Al parecer las diferentes estrategias reproductivas en los sexos de una misma especie dan lugar a un fenómeno que en la ciencia llamamos conflicto sexual.


El artículo original estaba en inglés, así que lo he traducido al castellano para que todo el mundo lo entienda. Si os interesa leer el trabajo original, lo podéis encontrar aquí.


El conflicto sexual en humanos: consecuencias evolucionistas de la inversión parental asimétrica y la incertidumbre de paternidad.

Aaron T. Goetz y Todd K. Shackelford.

California State University y Florida Atlantic University.

Resumen.

Argumentamos que el conflicto sexual fue una característica recurrente de la historia de la evolución humana, igual que en la historia de la evolución de cualquier especie que se reproduce sexualmente y que no practica la monogamia genética a largo plazo. Sugerimos que el origen de gran parte del conflicto entre hombres y mujeres puede reducirse a una asimetría en la biología reproductiva. Esta asimetría (la fecundación y la gestación ocurre dentro de las mujeres) produce a) diferencias en cuanto al sexo respecto a la inversión parental mínima obligatoria y b) en la incertidumbre de paternidad. Defendemos que las consecuencias de la fecundación y gestación internas son responsables de muchos fenómenos en los humanos, como la coerción sexual, el escepticismo ante el compromiso, la sobrepercepción sexual y, además, se encuentran relacionadas con adaptaciones asociadas a la competición del esperma.

Introducción.

La evolución por selección natural es la piedra angular de la biología, y en las últimas décadas muchos psicólogos han reconocido el valor de la utilización de una perspectiva evolucionista par guiar su trabajo. Los psicólogos evolutivos pretenden entender el pensamiento, emoción y conducta humanos actuales a través de un estudio cuidadoso de la historia de la evolución humana. A lo largo de nuestra evolución, los humanos hemos encontrado frecuentemente muchos problemas adaptativos que necesitaron una solución si queríamos asegurarnos la supervivencia y la reproducción. A lo largo de millones de años, la selección natural ha dado forma lentamente al cerebro humano, favoreciendo unos circuitos neurales por encima de otros para resolver los problemas adaptativos de nuestros ancestros.

Cogiendo un ejemplo sencillo, nuestra actual preferencia por el sabor de las comidas con alto contenido en azúcares y grasa es fácilmente comprendida desde la perspectiva de la psicología evolutiva. Esta preferencia apareció como una adaptación cuando dichas sustancias no se encontraban disponibles en altas concentraciones (como sí ocurre ahora). Así, nuestros ancestros estaban motivados a buscar alimentos calóricamente densos y nutritivos, lo que suponía una conducta adaptativa para el entorno de entonces. A pesar de que esta preferencia por ciertos sabores tiene consecuencias negativas para la salud hoy en día (diabetes, enfermedades cardiovasculares, obesidad...), todavía mantenemos esta predilección evolutiva. Los individuos pueden modificar voluntariamente su conducta para evitar las comidas ricas en azúcar y grasa (mediante una dieta) pero no puede modificar su gusto por dichas comidas.

La aplicación moderna de los principios evolucionistas para estudiar la psicología humana y el comportamiento ha abierto nuevas vías de investigación que no existían hace veinte años. Una de estas líneas de investigación estudia el conflicto sexual en humanos. El conflicto sexual ocurre cuando los intereses evolutivos de hombres y mujeres divergen (Parker, 1979; Trivers, 1972). Aunque el apareamiento humano es normalmente visto como una aventura cooperativa entre dos individuos de sexos opuestos con una meta reproductiva común, los intereses evolutivos de los hembras y machos humanos son ciertamente asimétricos (Buss, 1989). Una revisión de la literatura científica que estudia los índices de infidelidad a lo largo de la vida y los índices de discrepancia paterna indican que los humanos no somos una especie monógama. Los índices de infidelidad varían dependiendo de cuándo, como y a quién se le pregunta, pero docenas de estudios documentan que la infidelidad es habitual, y los ratios de infidelidad en algunas muestras superan el 50% (Koehler & Chisholm, 2007). Los índices de discrepancia paterna (también llamados índices de cuernos o índices de no-paternidad) reflejan una clara consecuencia reproductiva de la infidelidad femenina (cuando los hombres, sin saberlo, crían niños con los que no están relacionados genéticamente), y estos índices (incluso tras la llegada de los anticonceptivos modernos) están sólidamente por encima de 0% e incluso llegan al 30% en algunas muestras (Anderson, 2006; Bellis et al., 2005; Cerda-Flores et al., 1999; Sasse et al., 1994).

Los biólogos han identificado dos tipos de conflicto sexual: conflicto sexual intrasexual y conflicto sexual intersexual (Arqvist & Rowe, 2005). El conflicto sexual intrasexual ocurre por características compartidas entre hombres o entre mujeres y en las que hay una selección enfrentada. En los humanos, por ejemplo, las caderas anchas están favorecidas evolutivamente en las mujeres para facilitar el parto (Rice & Chippindale, 2008). El conflicto sexual intersexual ocurre cuando una misma característica está codificada por diferentes genes en hombres y mujeres, produciendo conflicto entre ellos al darse la interacción sexual. Esta forma de conflicto, que es el foco primario de los estudios de los psicólogos evolucionistas, abarca gran parte de lo que pensamos cuando observamos el conflicto sexual en especies no humanas (canibalismo sexual, adaptaciones morfológicas en el pene o dardos del amor).

Los humanos, obviamente, no practicamos el canibalismo sexual, no tenemos órganos de sujección en el abdomen ni producimos dardos del amor. En los humanos, las características adaptativas originadas por el conflicto sexual suelen ocurrir en la forma de mecanismos psicológicos. Más abajo analizamos la evidencia del conflicto sexual en humanos y su reflejo en el diseño de mecanismos psicológicos; pero antes, discutiremos el origen del conflicto sexual en humanos.

¿Por qué el conflicto sexual?

El conflicto sexual en los seres humanos se deriva de una asimetría en la biología reproductiva. La fecundación y la gestación ocurren en el interior de las mujeres, y esta forma de reproducción sexual tiene dos consecuencias que son relevantes en el conflicto sexual humano: asimetría en la inversión parental e incertidumbre sobre la paternidad.

Conflicto sexual asociado a la inversión parental.

La fecundación y gestación internas producen una diferencia en la inversión parental en la descendencia (Trivers, 1972). La inversión parental mínima obligatoria (la cantidad mínima de tiempo que es necesario invertir para producir descendencia) en mujeres es significativamente mayor que en los hombres, puesto que dura al menos 9 meses. En comparación, la inversión parental obligatoria del hombre puede terminar con una única cópula. Esta diferencia en la inversión parental mínima obligatoria tiene profundos efectos en la estrategia reproductiva que los hombres y mujeres persiguen. Diferentes estrategias de apareamiento (orientadas más al corto plazo u orientadas más al largo plazo) ocurren dentro de un mismo sexo (Gangestad & Simpson, 2000), pero son especialmente pronunciadas entre sexos diferentes (Buss & Schmitt, 1993; Schaller & Murray, 2008; Schmitt, 2005). Debido a que la inversión parental mínima obligatoria de los hombres es considerablemente menor que la de las mujeres, los costes asociados con el apareamiento rápido e indiscriminado son mucho mayores para las mujeres que para los hombres. El apareamiento rápido e indiscriminado podría costarle a una mujer sustanciales tiempo, energía y recursos si la concepción finalmente ocurre, mientras que la reproducción puede ser mucho menos costosa para un hombre (Bateman, 1948). La teoría de la inversión parental (Trivers, 1972) establece que el sexo que tiene la inversión parental mínima obligatoria más larga será el que más discrimine entre pretendientes en el apareamiento, mientras que el sexo con la inversión parental más corta será el que más competirá para acceder la cópula con el sexo con más inversión parental. Esto explica y predice gran parte del conflicto sexual observado en humanos. Por ejemplo, la teoría de la inversión parental predice que el conflicto sexual ocurrirá cuando hombres y mujeres persigan su estrategia de apareamiento óptima (aquélla que les reporte mayor beneficio reproductivo). Sin la carga de una inversión parental larga, los hombres se benefician más que las mujeres de la estrategia de apareamiento a corto plazo y de la inversión parental reducida. Por otra parte, las mujeres se benefician más, habitualmente, de plantear estrategias de inversión parental largas y a largo plazo. Este conflicto entre estrategias de apareamiento de hombres y mujeres explica una gran cantidad de fenómenos, pero aquí discutiremos brevemente sólo dos: la coerción sexual y los prejuicios cognitivos.

El conflcto sexual asociado con asimetría en la inversión parental mínima obligatoria explica por qué, histórica e interculturalmente, los hombres son los perpetradores y las mujeres las víctimas de la coerción sexual y la violación, y no ocurre al revés. Aún no se conoce si la psicología asociada a la violación es una adaptación que fue directamente seleccionada o un subproducto de otros mecanismos psicológicos (McKibbin et al., 2008), pero lo que sí se conoce es que la coerción sexual es una consecuencia del conflicto por el acceso al sexo. Se sigue de la teoría de la inversión parental que los hombres tendrán un deseo más intenso por la variedad sexual y serán sexualmente más persistentes, mientras que las mujeres serán sexualmente restringidas (Buss & Schmitt, 1993; Schaller & Murray, 2008; Schmitt, 2005).

El conflicto sexual asociado con la inversión parental también puede explicar algunos prejuicios cognitivos en hombres y mujeres. Los prejuicios cognitivos son mecanismo de interferencia en la cognición que facilitan la aparición de falsos positivos y falsos negativos. Como está predicho por la teoría de inversión sexual, los hombres insisten en sobrevalorar el interés sexual de las mujeres en ellos (por ejemplo, inferir interés sexual de una sonrisa amigable femenina), ya que este error es menos costoso evolutivamente que subestimar el interés sexual de las mujeres y perder una oportunidad para aparearse (Abbey, 1982; Haselton, 2003; Haselton & Buss, 2000; Maner et al., 2005). Las mujeres, sin embargo, son más propensas a subestimar el compromiso sexual en los hombres (inferir que las muestras de compromiso son falsas, engañosas), ya que este error fue probablemente menos costoso para las mujeres primitivas que sobrevalorar el compromiso de los hombres y arriesgarse a que estos deserten durante la cría de la descendencia (Haselton & Buss, 2000).

Conflicto sexual asociado con la incertidumbre de paternidad.

Una segunda consecuencia potencial de la fecundación y gestación internas es la incertidumbre de paternidad. Debido a la fecundación y gestación internas, los hombres ancestrales podían no estar seguros de que sus niños eran, de hecho, genéticamente suyos. Las mujeres ancestrales, habiendo dado a luz, tenían certidumbre en la maternidad. La fecundación y gestación internas implican que los hombres ancestrales podrían haberse enfrentado a la incertidumbre en la paternidad. ¿Fue realmente así? ¿Fueron los hombres ancestrales víctimas de los cuernos, invirtiendo recursos en la cría de hijos que no eran suyos? Incluso sin una observación directa del entorno ancestral, la respuesta es un sí rotundo. Cuando consideramos los diferentes estudios que se han hecho sobre el tema [en el original en inglés los cita todos], se vuelve claro que la infidelidad en las mujeres y los cuernos fueron características habituales de nuestra historia evolutiva. Las consecuencias evolutivas de la infidelidad femenina son muchas, pero aquí discutiremos brevemente una: el conflicto que ocurre durante o después del apareamiento, conocido como competición del esperma.

La competición del esperma es una consecuencia de la competencia de los hombres por la fecundación (Parker, 1970). Si las mujeres se aparean de una forma que coloca esperma de dos o más hombres en su tracto reproductivo, esto genera muchas presiones a nivel de selección natural en el esperma de los hombres. Si este fenómeno se extiende en el tiempo en la historia evolutiva de un hombre, los hombres pueden desarrollar adaptaciones anatómicas, fisiológicas y psicológicas para ayudar a su esperma a competir contra el esperma rival por la fecundación. Como discutimos arriba, la infidelidad femenina fue una característica habitual en nuestra historia evolutiva, y la investigación se ha dedicado al estudio de las características masculinas psicológicas, anatómicas y fisiológicas asociadas con la competición del esperma.

Las adaptaciones anatómicas relacionadas con la competición del esperma incluyen un aumento en el tamaño de los testículos y morfología específica en el pene. El tamaño relativo de los testículos humanos (0'08% del peso corporal) es bajo en comparación con el tamaño relativo de los testículos de chimpancés altamente promiscuos y de gorilas polígamos, lo que sugiere niveles intermedios de competición del esperma en nuestro pasado evolutivo. Para poner a prueba la hipótesis de que el pene humano ha sido modelado por la selección natural para desplazar el semen depositado por otros hombres en el tracto reproductivo de una mujer, Gallup et al. (2003) usó genitales y semen artificiales para simular la cópula. Los resultados indicaron que los falos artificiales con glande y borde coronal que más se parecían al pene humano desplazaron mayor cantidad de semen artificial que los falos que no tenían dichas características. Cuando el pene se inserta en la vagina, el frenillo y el borde coronal hacen posible el desplazamiento del semen al permitir que éste fluya hacia atrás por debajo del pene, junto al frenillo y arrastrado por el borde coronal.

Ingeniería alemana.

En cuanto a las adaptaciones psicológicas, existe la intrigante posibilidad de que los hombres, prudentemente, coloquen su esperma de acuerdo a las señales que existan de competición del esperma. Baker y Bellis (1989, 1993) documentaron una relación negativa entre la proporción de tiempo que una pareja ha pasado junto desde su última cópula y la cantidad de esperma eyaculado en la siguiente cópula con la misma pareja. A medida que el tiempo pasado juntos desde la última cópula disminuye, hay un incremento predecible en la probabilidad de que la compañera del hombre haya sido inseminada por otro hombre (o sea, dado un tiempo X tras la última cópula, a más tiempo de X que se haya pasado con la pareja, menos probable es que ésta haya sido inseminada por otro hombre). Análisis adicionales indican que la proporcióon de tiempo que una pareja ha pasado junta desde su última cópula permite predecir la cantidad de esperma eyaculado en la próxima cópula, pero no en la próxima masturbación del hombre (Baker & Bellis, 1993). También apoya la hipótesis de que los hombres ajustan sus eyaculaciones de acuerdo a la teoría de la competición del esperma que la evidencia experimental ha demostrado que los hombres que ven imágenes que señalan competición del esperma producen eyaculaciones más competitivas que hombres viendo imágenes en las que las señales de competición del esperma están ausentes (Kilgallon & Simmons, 2005). Kilgallon y Simmons documentaron que los hombres producen un mayor porcentaje de esperma móvil en las eyaculaciones tras ver imágenes sexualmente explícitas de dos hombres y una mujer (señal de competición del esperma) que tras ver imágenes sexualmente explícitas de tres mujeres.

Inspirado por las demostraciones de adaptación psicólogica masculina a la competición del esperma de Baker y Bellis (1989, 1993), Shackelford y sus colegas (2002, 2007) documentaron que los hombres pueden poseer adaptaciones psicológicas que disminuyen la probabilidad de que el esperma de un hombre rival fertilice el óvulo de su pareja. En dos muestras independientes, los hombres con una mayor proporción de tiempo separados de sus parejas desde su última cópula (y por tanto, con un aumento implícito del riesgo de competición del esperma) perciben a sus parejas como sexualmente más atractivas, están más interesados en copular con sus parejas, reportan que sus parejas están más interesadas en copular con ellos y afirman tener mayor angustia y persistencia ante el rechazo sexual de sus parejas respecto a los hombres que pasaron una menor proporción de tiempo apartados de sus parejas. Estos efectos fueron independientes de la satisfacción de los hombres con su relación afectiva, del tiempo pasado desde la última cópula y del tiempo total apartados de la pareja, lo que excluye muchas explicaciones alternativas. Estos cambios perceptivos pueden motivar a los hombres a copular tan pronto como sea posible con sus compañeras, poniendo, así, su esperma en competición con cualquier otro esperma rival que puediera estar presente en el tracto reproductivo de su pareja.

La pregunta de si la competición del esperma ha sido una importante presión selectiva durante la evolución humana se mantiene como algo polémico, y más investigación es necesaria para esclarecer el asunto. Como decíamos arriba, sin embargo, hay fuerte evidencia de que aspectos de la anatomía, psicología y fisiología masculinas pueden reflejar adaptaciones para la competición del esperma (mirar también Goetz et al., 2008).

Conclusiones.

Los intereses evolutivos de los hombres y mujeres humanos son ciertamente asimétricos, por lo que no hay razones para dudar de que el conflicto sexual ha ocurrido a lo largo de nuestra historia evolutiva. Realmente, el conflicto sexual en humanos es un creciente campo de estudio entre los psicólogos evolutivos, y muchos investigadores han estudiado el conflicto por el acceso sexual (McKibbin et al., 2008), el conflicto que ocurre durante y después del apareamiento (Shackelford & Goetz, 2007) o el conflicto que se da después de la concepción (Anderson et al., 2007), por ejemplo.

La reticencia de Arnqvist y Rowe (2005) a discutir el conflicto sexual en su monografía Sexual Conflict, puede ser atribuible a diferentes aproximaciones empíricas empleadas por psicólogos evolutivos. Arnqvist y Rowe delimitaron seis métodos de investigación que han sido utilizado para documentar el conflicto sexual, tales como la investigación genética, la manipulación fenotípica, la evolución experimental y los estudios comparativos, y sólo un par de estos están listos para ser aplicados a poblaciones humanas. Los psicólogos evolutivos no pueden utilizar técnicas de evolución experimental o de ingeniería genética para estudiar el conflicto sexual en humanos, por ejemplo. Tienen a su disposición, no obstante, métodos adicionales que están muy desarrollados en la investigación con sujetos humanos y que no puedes ser empleados en estudios con animales no humanos. La metodología de encuesta que asegura las percepciones subjetivas y la historia conductual provee un medio útil de acceso a la cognición y conducta humanas.

Las metodologías que miden el tiempo de reacción proveen un acceso más objetivo a los procesos perceptuales y motivacionales. Y más recientemente, las técnicas de neuroimagen permiten a los investigadores estudiar el diseño modular de la mente humana, investigando hipotéticos circuitos neurales relacionados con mecanismos psicológicos. Como psicólogos evolutivos dedicados a entender cómo la mente humana ha sido modelada por la selección natural, estamos en posición de poner a prueba hipótesis sobre cómo las mentes de hombres y mujeres han evolucionado para resolver problemas originados por el sexo opuesto.


La falacia del maricón.

Un argumento recurrente de la derecha más rancia para tachar la homosexualidad de inmoral es apelar a que se trata de un hecho contra-natura, es decir, contrario al diseño universal de Dios y, por tanto, contrario a la moral. Dejando de lado el hecho de que la homosexualidad NO es exclusiva de la especie humana, veamos por qué este argumento no se sostiene por sí mismo, sino que constituye lo que se conoce como falacia naturalista.

Para entender la falacia naturalista hace falta explicar por encima la epistemología de Hume. Dado que no es especialmente complicada, si te concentras un poco te resultará interesante y muy útil: además de conocer a Hume (algo que debes hacer si no quieres sentirte mal, como explico en una entrada anterior), te permitirá tapar la boca a esos fachas que creen que sus posturas son defendibles con algo más que la violencia.

Hume decía que el ser humano tiene dos facetas: la de la razón, encargada de la construcción del conocimiento, y la de la emoción, que servía de cimiento para la moral. La moral nos hace calificar los hechos como buenos y malos. El conocimiento, como verdaderos o falsos. Razón y sentimiento se encargan, pues, de asuntos diferentes. Y sin embargo, hacer que ambas transgredan sus respectivos campos es un problema más habitual de lo conveniente.

Tengo dos papadas, y se me recuerda siglos después de mi muerte. ¿Tú qué has hecho con tu vida hasta ahora? 


La razón.


La razón es constructora del conocimiento, y nada más. La clase de ideas constitutivas de conocimiento son de dos tipos: las relaciones de ideas y las cuestiones de hecho.

Las relaciones de ideas son elementos del conocimiento evidentes por sí mismos, necesarios e independientes de la experiencia. El ejemplo más representativo son las verdades matemáticas. Que 2+(2/2)=3 es una verdad evidente por sí misma (no se necesita de más información para saber que es inequívocamente verdadera), necesaria (no se puede concebir que sea de otra manera; uno no puede representar mentalmente esa operación y que le dé un resultado diferente) e independiente de la experiencia,  ya que basta con la concepción imaginaria de la operación matemática para llegar a su resultado, sin necesidad de medir hechos experimentales.

Las cuestiones de hecho son el conocimiento relativo a los fenómenos naturales, que dependen de la experiencia y son contingentes. Que dependan de la experiencia quiere decir que no se pueden conocer cuestiones de hecho hasta que se haya observado un fenómeno natural concreto y se haya analizado la información extraída de él. Uno no puede conocer que el agua hierve a 100ºC sin haberlo observado anteriormente, por pura deducción (como sí ocurre con las verdades matemáticas). Hume pone el ejemplo ficticio de Adán (sí, el tío de la Biblia), que instantes después de ser creado podría deducir que 2+3=5, pero no que el agua hierve a una determinada temperatura o que los metales se oxidan a la intemperie, ya que estos últimos conocimientos requieren de la observación empírica para llegar a ellos. Que la cuestión de hecho sea contingente quiere decir que podemos concebir que sea de otra manera. Uno no puede concebir que 2+2 no sea igual a 4: si coges dos elementos por un lado y dos por el otro, al juntarlos nunca podrás ver un 5. No obstante, sí que puedes concebir que el agua hierva a 50ºC o que el aire tenga una proporción de gases diferente a la que se sabe que tiene. Son hechos contingentes, que pueden ser de otra manera a como en realidad son.

- "XO K ACES LOKA!!1!1!" - "k n psa na, jajaja". Adán y Eva ya vivían por encima de sus posibilidades en el principio de los tiempos.

Independientemente de si lo que la razón analice sea una cuestión de hecho o una relación de ideas, ésta sólo podrá llegar a dos posibles conclusiones: que la proposición es verdadera o que la proposición es falsa.  Si analizamos racionalmente la proposición "el ADN es responsable de la herencia genética" (una cuestión de hecho), sólo podemos concluir dos cosas: que es responsable o que no lo es. Lo mismo con el teorema de Pitágoras (una relación de ideas): o concluimos que la hipotenusa al cuadrado es la suma de los dos catetos al cuadrado o que no lo es. A ninguna otra conclusión podrá llevar el análisis racional con el fin de obtener conocimiento, que es el único fin legítimo con el que puede utilizarse la razón.

El sentimiento.

El sentimiento elabora la moral tal como la entiende Hume. Para Hume, la moral está construida por una serie de sentimientos morales naturales en el ser humano. Estos sentimientos morales (positivos o negativos) son los que nos impulsan a calificar las cosas de buenas o malas. Es decir, ante un hecho nos sentimos a gusto o a disgusto, y en función de esto decimos que el hecho es bueno o malo.

Esto puede parecer una tontería, pero es importantísimo: se nos dice que los sentimientos son causa de los valores morales y no consecuencia. No es que hacer el bien o el mal nos haga sentir placer o angustia, sino que al provocarnos algo placer o angustia decimos que es bueno o malo respectivamente.

Con esto Hume se carga cualquier concepción de los valores morales como elementos universales e independientes del ser humano (Descartes y muchos otros filósofos intentaron crear una ética universal, y Hume intenta desmontarles el chiringuito). Para Hume los sentimientos morales modelan la ética, ya que los valores morales no existen de manera objetiva, sino que los construimos los seres humanos desde nuestra propia emoción. La única objetividad (o más bien intersubjetividad) que puede tener la moral reside en el hecho de que todos los seres humanos, por tener una constitución biológica similar, tenemos sentimientos muy similares. Así, una esperanza para la universalidad de los valores morales está en la empatía que sentimos los seres humanos unos con otros por tener sentimientos morales parecidos, que permite compartir una ética basada en el sentido común. Ahora, hagamos una síntesis y volvamos con los homosexuales, el tema de esta entrada.

La falacia naturalista.

La falacia naturalista consiste en decir que algo es bueno o malo por estar en concordancia o en discordancia con la naturaleza. Antes mencionábamos como ejemplo el afirmar la maldad inherente a la homosexualidad por ser (según los retorcidos estudios etológicos made in Iglesia Católica) contraria a la naturaleza. Otro caso es el de fundamentar las bondades del sistema capitalista en que éste es competitivo igual que la vida en la naturaleza, en la que las especies de un ecosistema compiten por su supervivencia.

La falacia en esta clase de afirmaciones está clara: se argumenta que algo es bueno o malo (campo del sentimiento) basándose en cuestiones de hecho (campo de la razón). Las cuestiones de hecho, es decir, los fenómenos naturales (como la homosexualidad de los animales o la competitividad de la vida salvaje) son hechos que sólo pueden ser verdaderos o falsos, nunca buenos o malos por sí mismos. Puedes llegar a creer que golpearte en la cabeza es "malo" por sí mismo porque te hace daño, pero si vamos a lo racional, únicamente es un hecho que puede ser verdadero (te has golpeado en la cabeza) o falso (no te has golpeado en la cabeza). Son tus sentimientos acerca del golpe lo que, a posteriori, te inclinan a calificarlo como algo malo. 


Argumentar que la homosexualidad es mala porque es contra-natura es falaz porque de un hecho que sólo puede ser verdadero o falso (la homosexualidad existe o no existe en los animales) se intenta llegar a una conclusión moral (la homosexualidad es buena o mala). Es decir, del campo que sólo puede ser estudiado por la razón se intenta llegar a afirmaciones en el campo del sentimiento.


"¿Qué me dices, palomita? ¿Que los prenda fuego a todos? LA NATURALEZA HA HABLADO. DIOS ES MI AMIGO".

En consecuencia, puedes decir que la competitividad o la homosexualidad te parecen buenas o malas (porque te despiertan sentimientos de agrado o disgusto), pero no que la homosexualidad o la competitividad social son buenas o malas PORQUE existen o no de manera natural. Que existan o no existan en la naturaleza es sólo un hecho que, si se quiere analizar, corresponde a la razón. Que te parezcan buenas o malas nunca son hechos racionales, pues proceden del sentimiento.


martes, 29 de mayo de 2012

Las revoluciones pacíficas son los padres (II)

Hablemos un poco de lo que no sabemos; en una entrada anterior califiqué de ingenuo al movimiento 15M por no comprender los mecanismos que hacen posible una revolución. Me refería, sobre todo, al pacificismo, que es incompatible con cualquier movimiento revolucionario dada la esencia de éste. Aquí explicaré con más detalle cuáles me parecen los puntos flacos del 15M, qué es lo que se está haciendo mal. Primero, hagamos un resumen de la situación (explicado más extensamente aquí).

Puede resumirse el sistema democrático actual diciendo que es una puta mierda aberrante, un ente decadente creado a partir de unas ideas nobles en principio pero deformadas posteriormente hasta convertirse el conjunto en una máquina atroz. Aunque explicado más extensamente en mi entrada anterior, podemos decir que nuestro modelo de estado carece de legitimidad democrática por no disponer de un sistema electoral que asegure la representatividad de los gobernantes y porque utiliza el monopolio de la violencia con el fin de perpetuarse en el poder más que para asegurar el bienestar a sus ciudadanos.

"¡Jajaja! Legitimidad democrática, dicen. Estos súbditos tienen unas días más raras hoy en día..."

Siendo así, se hace necesario para todos los individuos que aspiramos a la justicia y la libertad, cambiar el sistema por uno realmente democrático. El funcionamiento del sistema actual, como ya explicamos, es incompatible con el de una democracia verdadera. Las reformas necesarias afectan de manera tan directa a los intereses de las élites económicas que esperar un cambio desde arriba es ingenuo. La única posibilidad de cambio tendrá que venir, pues, desde el pueblo.


Personalmente, creo que para que los movimientos populares sean exitosos deben coexistir dos elementos en el mismo tiempo y espacio: unas determinadas condiciones materiales que hagan inestable la situación política y posible la movilización del pueblo; y un vector director de la misma, es decir, una ideología que la guíe. La razón por  la que en la situación actual el colectivo 15M está lejos de conseguir algo es, precisamente, porque AÚN carece de esas dos cosas.

Pongamos un ejemplo de revolución exitosa: la Revolución Francesa. La Revolución Francesa supuso la toma del poder político por parte de la burguesía, derrocando el antiguo régimen feudal y creando el estado moderno burgués en el que actualmente vivimos. ¿Por qué razón la burguesía logró triunfar en su revolución? Simplificando mucho las cosas, mi opinión es que esto fue así por dos razones:


  1. Porque las relaciones económicas de los individuos eran incoherentes con el modelo de estado vigente en la época (condiciones materiales). 
  2. Por la aparición de un bloque ideológico que sentaba las bases del nuevo modelo de estado que se pretendía construir (guía ideológica).

Lo primero se refiere al hecho de que la burguesía ostentaba el poder económico (los estados modernos absolutistas estaban financiados por el dinero burgués acumulado desde finales de la Edad Media) pero carecía del poder político, que se mantenía en manos de los estamentos privilegiados nobiliario y eclesiástico. Una situación en la que un grupo de la población mantiene con vida un modelo de estado que le perjudica es una situación inestable y destinada al derrumbe.

Con el segundo punto estoy hablando de la Ilustración. La Ilustración es la base ideológica sobre la que se asienta nuestro modelo de estado actual: la separación de poderes, la elección por sufragio, el liberalismo económico, la carta de derechos del ciudadano, la secularización del estado y todas esas conquistas conseguidas durante las revoluciones burguesas dejaron atrás el absolutismo, los privilegios por derecho de sangre o la economía de subsistencia poco productiva. La Ilustración es importante porque plantea hacia dónde se pretendía moverse, es decir, qué se iba a construir tras la destrucción del Antiguo Régimen.

Veamos ahora el caso del 15M.

Bonito, pero esto aún no es nada, todavía es un feto de revolución.

Las condiciones materiales.

Las condiciones materiales necesarias para la revolución que nos incumbe están en animación suspendida desde hace más de un siglo. Fíjate que la situación del actual sistema capitalista no dista mucho de la que existente antes de la Revolución Francesa: en la actualidad, el sistema se apoya sobre los hombros de todos los trabajadores que permiten la creación de riqueza y el movimiento del dinero. Puede que te digan que son los emprendedores y los capitalistas los que hacen mover el sistema, pero eso es mentira: todo el dinero que un ricachón pueda tener en el bolsillo SIEMPRE tiene origen en la plusvalía creada por el trabajador mediante su fuerza productiva. El empresario, el capitalista, aquel que dispone de los medios de producción porque tiene un papel que dice que son suyos siempre es un elemento prescindible en la cadena de producción, alguien no estrictamente necesario para la transformación de las materias primas en artículos elaborados. Reparte el capital y la propiedad de los medios de producción entre los trabajadores y el sistema puede continuar siendo productivo (y más justo e igualitario, vaya). Ahora bien, quita al trabajador del esquema y el sistema se viene abajo.

A pesar de esta situación en la que el colectivo que mantiene la economía carece de poder político es similar a la de la Revolución Francesa, hay una diferencia fundamental que trataré a continuación. Como expliqué en la entrada anterior, todas las revoluciones han de ser violentas para triunfar, dado que quienes retienen el poder no lo sueltan voluntariamente. En el caso de las revoluciones burguesas, los ejecutores de la fuerza no fueron los burgueses, sino el pueblo. Esto fue así gracias a la manipulación burguesa de las masas, que prometió Jauja a los campesinos y un par de décadas después se encontraron con que ya no estaban dominados por el señor feudal pero sí por un patrón con sombrero de copa y puro en la boca.

Hoy en día nosotros no podemos mandar a nadie a hacer la revolución por nosotros. La lucha de clases en nuestra época actual se libra de abajo hacia arriba y no podemos cargarle el muerto a nadie. La lucha es violenta y peligrosa, y pecaría de ingenuo si esperara que dada nuestra poca inclinación por la fuerza bruta tras lustros de amansamiento consumista de un día para otro la gente saliera a la calle antorcha en mano a erizar la Gran Vía de barricadas. Las cosas no funcionan de esa manera. Aún así, es todo cuestión de tiempo. Actualmente la mayoría de personas no se para frente a una carga policial por una razón muy simple: no hacerlo es una alternativa más sensata si tenemos en cuenta el balance coste-beneficios. Esto es así porque tenemos muchas cosas que perder. La integridad física es algo fácilmente sacrificable (la historia así lo demuestra) si tu situación económica es tan desesperada que pasar un día en el calabozo es preferible a acabar revolviendo los contenedores en busca de comida o tener que estar dándole esquinazo a tu casero porque no le puedes pagar la renta.

Puedes no concebir una lógica racional tras este personaje. Pero es fácil no concebirla tras tu ordenador con conexión ADSL. Pon a cualquier "europeo civilizado" a vivir en una dictadura opresora que le condena a la miseria y tardará tan poco en coger el Kalashnikov como este chico.

Los políticos están haciendo un trabajo de puta madre condenándonos a rebuscar en los contenedores. No soy ningún profeta, pero si las cosas mantienen la tendencia actual, dentro de poco la pobreza (pobreza real, no me refiero a quedarte un fin de semana sin salir porque no tienes pasta) se convertirá en un problema serio. La situación se volverá insostenible para grandes sectores de la población y ninguna alienación consumista les quitará el hambre ni las ganas de comerse a sus carceleros. Cuando lleguemos a ese punto de los acontecimientos, cuando antiguas familias de clase media se vean obligadas a comer de la basura, cuando los pequeños hurtos se disparen debido a la falta de poder adquisitivo mínimo para la subsistencia, cuando las tensiones sociales rompan la paz ciudadana hasta el punto de mantener a la policía patrullando las calles las veinticuatro horas... cuando ocurra todo eso, entonces las condiciones materiales necesarias y suficientes para que estalle la lucha de clases estarán presentes y la revolución será una posibilidad.

La guía ideológica.

Hemos dicho que faltan las condiciones materiales para la revolución. Pero falta algo casi igual de importancia: unos principios mínimos que, al igual que ocurrió a finales del S. XIX, nos digan qué pretendemos construir una vez que la violencia social se encargue de tumbar el sistema capitalista actual. Esta guía ideológica, en mi opinión, podría encontrar su medio de difusión en un movimiento como el 15M. Pero actualmente estamos lejos de conseguirlo.

El problema es complejo y yo no me considero un iluminado, pero mi opinión es ésta: es indispensable el planteamiento de unos objetivos mínimos con los que cualquier ciudadanos de a pie tenga que comulgar si tiene dos dedos de frente. Se necesita definir objetivos cuanto antes, objetivos que sean concretos (no ambiguos) y que sean aplicables a la práctica política. Objetivos que no sean utópicos, polémicos o difíciles de comprender, sino objetivos pragmáticos que sean fáciles de extender propagandísticamente y que aumenten la eficacia de la presión social sobre las élites gobernantes.

Personalmente, odio ciertos lemas del 15M. Por ejemplo, el exigir "una democracia real". ¿Qué es una democracia real? ¿Cómo se avanza hacia ella? ¿Qué la diferencia de nuestro sistema actual? Exigir una "democracia real" es una exigencia ambigua carente de fuerza verdadera que es fácilmente rebatible por cualquier portavoz del gobierno en una conferencia de prensa: basta con decir que la única democracia posible es la de las urnas que los han llevado al poder.

En lugar de pedir una democracia real y quedarse tan ancho, exijamos cosas concretas a las que sólo se pueda responder con hechos: decidir ponerlas en práctica o desestimarlas. En ambos casos, el dirigente se ha de comprometer de una forma u otra con la demanda ciudadana. Muchas exigencias se pueden formular de esta manera. Ahí van unas cuantas: reformar la ley lectoral, eliminar la monarquía, eliminar el techo para el déficit público en la constitución, declaraciones de deuda odiosa, impedir legalmente el pago de deuda privada con dinero público, salida de la Unión Europea hasta que ésta deje de ser el ángel de la guarda de las grandes fortunas, nacionalización de los grandes bancos para que se sometan al interés nacional y no el de los bolsillos sin fondo, encarcelamiento de los capitalistas responsables de la crisis, evitar que los imputados puedan ser elegidos para cargos públicos... Es posible que no estés de acuerdo con alguna de estas cosas, pero no podrás negar que cualquier de ellas tienen mayor probabilidad de conseguir respuesta que exigir una democracia real o el fin de la dictadura de los banqueros. Todo esto es, más o menos, lo que se hizo en Islandia: establecer cinco principios básicos con los que todos estuvieron de acuerdo y plantarse frente al parlamento hasta que se les hizo caso.

El 15M es un buen inicio.

El 15M está en un estado embrionario, pero va por buen camino. Las condiciones materiales son externas al movimiento indignado (éste es consecuencia de aquéllas), pero los mínimos exigibles llevan elaborándose a través de las asambleas vecinales desde hace un año. Dado que confluyen muchísimas ideologías en cada una de las manifestaciones (basta ir a una de ellas para ver la cantidad de banderas diferentes que hay) el consenso a nivel nacional es complicado, pero necesario si se quiere un cambio real.

Creo que para que esto no se convierta en una oportunidad histórica perdida (una de tantas) es necesario comprender que el momento del cambio se acerca, que nos encontramos ante la situación indicada para reconducir toda la frustración popular nacida de la crisis hacia la creación de un sistema más racional y justo. Es necesario aparcar las utopías y transigir para poder avanzar. Dejar que la fuerza revolucionaria de un movimiento popular que abarca a grandes sectores de la población se diluya por la dificultad de llegar a un consenso (aun cuando nuestros intereses no son tan dispares) sería una desgracia. Comencemos a plantear alternativas.

Esto es la regla general en el mundo, y nuestro carácter excepcional tiene los días contados.

miércoles, 23 de mayo de 2012

El Papa es malo y otras consideraciones epistemológicas.

Hace bastante tiempo discutí con una persona sobre el problema de la divulgación de la ciencia entre la mayoría. Su postura era que, sumada a la poca voluntad de la gente, existía una cierta indiferencia desde la comunidad científica por hacer llegar su conocimiento al pueblo. Yo hacía hincapié, sobre todo, en la primera de las causas. Ahora mi postura es intermedia: aún tengo en consideración que la deficiencia mental de las masas es una causa inesquivable de la ignorancia científica de las mismas, pero la comunidad de sabios tampoco ha sido un ejemplo de sentido común. Esta entrada inicia una serie de textos que publicaré de cuando en cuando con el fin de que, los que no lo hayáis hecho ya, os concienciéis de la importancia de la ciencia más allá de su papel para conocer la naturaleza. Puede parecer aburrido si eres de letras, pero dame un voto de confianza y verás que hay más de una reflexión interesante en el asunto.

El de las dos culturas es un tópico creado a mediados del siglo pasado y que clasifica a todos los filósofos en dos grandes campos: el de las letras y el de las ciencias. La aparición de esta idea fue inevitable, una consecuencia necesaria de la Revolución Científica del siglo XVIII que separó el estudio científico de la filosofía mainstream a través de un método propio que pareció (parece) dar más resultado que milenios de especulación llena de paja. Estamos hablando de la época de Newton, Galileo, Linneo, Lavoisier y otros grandes pesos pesados de la ciencia. Si no conoces quién es alguno de esos, deberías sentirte igual de mal que si no sabes quién fue Hume o Séneca. En cien años la humanidad dominó fuerzas creadoras de una potencia inimaginable. Si ahora estás leyendo esto en tu ordenador, es por la Revolución Científica del S. XVIII.

(Léase con acento británico): "soy la polla y lo sé con certeza empírica. Charles, sírveme el té".

El tópico de las dos culturas, más que describir objetivamente un hecho, parece definir una lucha sin cuartel entre intelectuales de ambos campos del saber. Todos hemos oído sobre la voluntad de trabajo de los estudiantes de magisterio y sobre el sex-appeal de los de ciencias puras. No voy a hacer un esfuerzo argumentativo para demostrar que la colaboración debería dominar por encima de la confrontación en este asunto, ya que si esto no te resulta evidente, entonces deberías regresar a cosas más básicas.

Una vez conocí a alguien que me dijo algo muy cierto: las letras son más accesibles que las ciencias. Esto, creo yo, es así porque las letras nos son más cercanas. Tienen una utilidad práctica inmediata: la conducción de nuestras vidas. No puedes asignarle a la ciencia una tarea como ésa, porque no entra dentro de su campo de conocimiento. La literatura, el derecho, la moral... nos tocan de cerca porque apelan a lugares comunes de toda la humanidad. Las humanidades (humanidad, humanidades...) tratan asuntos que por necesidad han de interesarte porque influyen en tu vida de manera constante: el ser humano vivió siglos sin un método eficaz para estudiar la naturaleza, pero tardó relativamente poco en ponerse a pensar sobre el bien y el mal y a hacer pintadas en las cuevas.

Pero la accesibilidad se confunde con la facilidad. Las ciencias pueden ser fáciles si uno es constante, pero son muy inaccesibles para alguien desconectado del mundo científico. El que tiene vocación científica se engancha al tren cuando está en la secundaria. Más adelante ya es difícil hacerlo, porque los conceptos manejados dependen tanto de la base de conocimientos a priori que resulta una tarea titánica, por ejemplo, comprender la física cuántica si no se conoce lo básico de los tres siglos anteriores de estudios físicos. Diré esto en voz alta, y sólo una vez: las letras no son más fáciles que las ciencias. Si no estás de acuerdo con esto, entonces probablemente no hayas intentado entender a Kant. Es más, probablemente no te hayas tomado las letras como un objeto de conocimiento serio jamás, lo que te convierte en un vago ignorante: eso de lo que acusas a los estudiantes de magisterio. Ahora es cuando te das cuenta de que lo de la deficiencia mental de las masas era broma (¡jaja!).

Immanuel Kant, precursor de la foto Tuenti dos siglos y medio antes de la invención de Internet. Le falta el baño de fondo y la mano sosteniendo el móvil.

Digo todo esto con un noble (y trillado) fin: poner en explícito que ambas disciplinas son necesarias y complementarias para la realización intelectual. Vista muy resumidamente la importancia de las humanidades, veamos lo que ocurre con las ciencias, que es de lo que va esta entrada.

De la misma manera que la importancia de las letras es evidente a poco que uno piense en ellas, lo mismo pasa con el conocimiento científico. Como ya he adelantado al principio, dedicaré alguna de las entradas a la divulgación científica. No me meteré a explicar las ecuaciones de la relatividad general (no las conozco), pero tampoco os trataré como si fuerais estudiantes de magisterio.

Todo lo que vaya a explicar en mis entradas divulgativas es completamente inútil si lo comparamos con la importancia de lo siguiente, que ha de ser la piedra angular sobre la que se entiende todo lo demás...

EL MÉTODO CIENTÍFICO.

La clave de la Revolución Científica que menciono arriba está en algo tan simple y a la vez complejo como esto: la utilización de un método para la construcción del conocimiento de la naturaleza que sea coherente con las posibilidades epistemológicas reales del ser humano. Esto suena pomposo, pero podemos resumirlo en no intentar conocer aquello que el ser humano no puede conocer. Lo que el ser humano no puede conocer, según los filósofos empiristas que parieron el método científico, es aquello que va más allá de la experiencia sensible.

La ardilla dramática acaba de leer a los empiristas y despierta del sueño dogmático.


El método científico, tal como te lo enseñan en la secundaria, es así:

  1. Observación de un fenómeno natural y elaboración de una hipótesis que explica su funcionamiento.
  2. Experimentación en la que se recrea el fenómeno natural en condiciones de laboratorio, de manera tal que se pueden estudiar las magnitudes que intervienen en él y realizar un análisis matemático de ser posible.
  3. Observar los resultados del experimento y ver si son compatibles con la hipótesis inicial. De serlo, se sigue poniendo la hipótesis a prueba hasta que ésta, por inducción, aumente sus posibilidades de ser cierta. De no serlo, se vuelve al punto uno y se elabora una nueva hipótesis.

La importancia que para mí tiene el método, más allá de permitir un conocimiento sólido de la naturaleza, está en ser un arma infalible contra los dogmatismos. El método científico es, junto con la duda metódica que menciono en otra entrada, el azote de los dogmatismos y el terror de los borregos y otros mermados intelectuales.

El método científico parte de algo elemental: los hechos son los que son (objetividad de la experiencia sensible), y nuestras explicaciones sobre ellos son acertadas siempre y cuando estén respaldados por estos hechos. Es decir: la explicación de los hechos viene después de que estos ocurran y en función de los mismos. Esto, que parece evidente, no lo es tanto si pensamos en los grandes rebaños de alienados que primero ponen la explicación y luego fuerzan los hechos para que se adapten a ella. Así salen cosas como el Jesucristo montado en un velocirraptor que mostraba en una entrada anterior: ¿que los fósiles de dinosaurios contradicen la idea cristiana de que la Tierra tiene 5000 años de antigüedad? Fácil: los judíos inventaron la disciplina olímpica de equitación sobre diplodocus. Hay gente así porque el dogmatismo siempre da más seguridad que la duda científica. De esta obsesión patológica por la seguridad también hablo en mi entrada sobre la duda metódica.

"¿Sabéis lo que es la infalibilidad papal? Es nuestra respuesta dogmática ante vuestra cienc... ay, me he vuelto a cagar encima."

Dos cosas que han de quedar claras:

  1. La ciencia no da verdades absolutas, sino verdades probables hasta que se encuentre un experimento que las demuestre falsas. Se utiliza, sobre todo en publicidad, el adjetivo "científico" como garante de verdad universal e irrefutable, y esto es ignorar el método: ni la más asentada de las teorías científicas puede mantenerse si tiene los hechos en contra. Y cualquier hipótesis científica es vulnerable de ser demostrada falsa en experiencias que aún no se han descubierto. Si os interesa, buscad el cambio de paradigma que supuso el rechazo de la teoría newtoniana sobre la gravedad (asentada durante tres siglos) por el de la relatividad de Einstein.
  2. La ciencia sólo puede explicar fenómenos de los que se tenga experiencia sensible: ahí están sus límites. La ciencia no puede explicar el sentido de la vida, lo que había antes del origen del universo, la existencia o no existencia de Dios, la universalidad o relativismo de la moral... No se trata de que la ciencia no haya descubierto aún esas cosas, sino de que no las podrá conocer jamás, porque de todos esos elementos no se pueden establecer hipótesis que puedan ser confirmadas o falsadas en los experimentos, y por lo tanto, no tiene sentido plantearlas en el contexto del método científico. Si esas cuestiones os interesan, las letras se encargan de ellas. Ya sabéis qué hacer.
Estos dos puntos limitan las posibilidades del conocimiento científico, pero lo más importante es que limitan las posibilidades del conocimiento humano. El método de la ciencia fue (y es) una bofetada a la humanidad, una llamada a la modestia y la humildad epistemológica. Un cubo de agua fría que la fuerza a ser consciente de que hay cosas que están más allá de su comprensión. La ciencia racionaliza el debate filosófico porque separa aquello que se puede conocer con fundamento de aquello que es pura sofistería metafísica.

Así, la próxima vez que creas que llevar ropa interior de un color concreto te puede dar buena suerte, que una pulsera con hologramas aumenta tu rendimiento físico o que tomar bolitas de azúcar es preferible a la opinión médica, plantéate si tus creencias resistirían la aplicación del método científico. De no ser así, entonces piensa que a lo mejor estás actuando como si fueras de letras. Es broma.

Rompiendo estereotipos.



lunes, 21 de mayo de 2012

La violencia social: las revoluciones pacíficas son los padres.

No soy politólogo. He leído realmente poco sobre filosofía política; y lo que he leído es de Wikipedia, como la mayoría de las cosas sobre las que sé. Pero hay reflexiones que trascienden el ámbito académico y es legítimo hacerlas basándose en el sentido común y en ciertos conceptos básicos y evidentes por sí mismos. No pretendo sentar cátedra sino impulsar un debate que me parece necesario, porque la gente está demasiado entusiasmada, creyendo que el sábado que viene llega la Revolución Social. Y se equivoca.

Las revoluciones pacíficas no existen.

La toma de la Bastilla. La historia funciona así.

Entre 1864 y 1920 existió un alemán llamado Max Weber. Su importancia para la filosofía política fue capital. De todas sus ideas, la que más interesante me resulta es lo que él llama Gewaltmonopol des StaatesPodéis leer sobre ello aquí. Viene a decir, de manera resumida, que uno de los fundamentos del estado es el del monopolio sobre el uso legítimo de la fuerza. Esta idea tan lúcida es vital para comprender los mecanismos mediante los cuales un estado se mantiene en el poder.

Al decir que el estado es el único capaz de utilizar legítimamente la violencia, se nos está diciendo que en el contrato social existe una cláusula mediante la cual damos nuestro consentimiento tácito a la institución estatal para que decida cuándo es correcto emplear la fuerza y cuándo no. Esto puede parecer negativo, represor de las libertades individuales. Y hasta cierto punto, lo es. Pero tiene una ventaja clarísima: si todos aceptamos que el estado sea el único que puede utilizar la violencia, entonces la lucha constante del hombre contra el hombre es reprimida y se convierte en algo puntual, y aun así perseguido incansablemente por la fuerza del estado. Se puede resumir el asunto en esto: en favor del estado, cedemos nuestra libertad para ejercer la violencia como medio para realizar nuestros fines. Esto lo hacemos con el objetivo de conseguir la seguridad de que los demás harán lo mismo. Esto es fácilmente enlazable con el amor por la seguridad que comento aquí


Cederle al estado el monopolio de la fuerza legítima es una adaptación social importantísima. Nuestras sociedades tal como las conocemos no podrían existir si no fuera por este monopolio. Que el individuo se quite de encima la preocupación de que el prójimo le abra la cabeza con una piedra le permite enfocar su vida hacia otras cosas. Inventar la filosofía, por ejemplo. O producir más bienes materiales.


real
Si el estado no monopoliza la fuerza, ocurren cosas como ésta: una favela brasileña. El narco mexicano es otro buen ejemplo.

Es importante que pensemos en esto: los estados nunca tienen la base de su poder en la legitimidad que les otorga una supuesta representación popular, sino en la capacidad que tienen para mantenerse en el poder a la fuerza. El apoyo (o al menos la indiferencia) del pueblo siempre ayuda, pero no son estos quienes constituyen la esencia del poder estatal. La voz pasiva del pueblo nunca es determinante. En la Guerra Civil, la República era quien contaba con la legitimidad democrática, y sin embargo cayó. Puede interpretarse el conflicto de la manera siguiente: el Ejército Popular y el bando sublevado tenían ideologías diferentes, pero del todo irrelevantes si vamos al fin compartido: la toma del poder, o mejor dicho, la conquista del monopolio del poder. 

Cualquier monopolio, por definición, sólo puede ser ejercido por un sujeto. Así, cuando dos sujetos combaten por un monopolio, se hace necesaria la eliminación práctica de uno de ellos para que el otro triunfe. Por eso las guerras civiles son siempre tan sangrientas, y por eso el apoyo popular es menos determinante que los efectivos, el entrenamiento militar y la maquinaria de guerra en general.

Hay un problema con todo esto: los cambios estructurales de un sistema, por más democrático y liberal que se diga éste, no se llevan bien con el monopolio de la fuerza. Es más, podría decirse que la tiranía encuentra el medio perfecto en el uso exclusivo de la violencia. Esto es así porque el estado no es un ente ideal formado por seres abstractos sino un conjunto de personas que administran el poder. El poder es atractivo, y de una potencia corruptora inconmensurable. Miles de ejemplos históricos avalan esto: nadie es inmune a los encantos del poder. Esta necesidad está arraigada, igual que la búsqueda de la seguridad, en un instinto biológico: el ejercicio del poder es el mejor medio para asegurarse la reproducción y, con ello, la transmisión de la herencia genética. De eso va la biología, ya lo trataré otro día.

De esta obsesión biológica por el poder se infiere que quienes lo ostentan difícilmente lo cederán sin rechistar. La democracia es un invento humano que intenta poner solución a este problema, pero hasta ahora lo ha conseguido sólo parcialmente. La situación es compleja y admite muchas aproximaciones. La que a mí me parece más acertada es la siguiente: la democracia actual no es una democracia real.

Esto es evidente si uno reflexiona sobre cómo funciona el sistema. Se nos dice que, dada la imposibilidad práctica de una democracia directa en un país con 40 millones de personas, lo mejor es elegir un número reducido de representantes que velen por el bienestar de las masas. Esto está mal por muchas razones. La que más relevante me parece es que aleja al ciudadano de la política y lo sumerge en la apatía, en el "que lo solucionen ellos". La otra es que el sistema ni siquiera es honesto consigo mismo: decir que los políticos son representantes del pueblo es mucho decir; lo que realmente ocurre es que los partidos compiten entre sí para tomar el poder e intentan convencer por todos los medios a su alcance a la población. Por todos los medios a su alcance: incluidos aquellos que no dicen nada de su competencia como administradores públicosDe todo esto se deriva que el sistema no premia a aquellos que son mejores para su función, sino aquellos que logran aparentar que son mejores. Es el gobierno de los sofistas y no el gobierno de los filósofos. Hay muchos sistemas alternativos que me parecen más eficaces que la democracia puramente representativa, pero de eso no va la entrada.

Así, llegamos a las ideas que concluirán este punto y que sintetizan todo lo que estamos tratando: que unas élites con el poder económico necesario para mover un aparato publicitario lo suficientemente grande como para alienar a la población y asegurarse el poder político dispone del monopolio de la violencia, tanto de la física como la sutil; que cualquier intento de arrebatarles el poder tendrá como consecuencia el empleo de la fuerza estatal y el enfoque de sus ilimitados medios publicitarios para desprestigiar al colectivo antisistema; que independientemente de lo correcta o incorrecta que sea la gestión pública, ésta tiene medios para perpetuarse en el poder; que más allá de si el estado es pretendidamente democrático o abiertamente dictatorial, éste tiene como prioridad asegurar el statu quo. 

Todo esto finaliza así, con un cierre muy marxista: que ninguna revolución, entendida como cambio radical del sistema económico, social y político, puede ocurrir de manera pacífica, puesto que el estado tiende a perpetuarse a través del empleo de la violencia cuando el resto de razones no le acompañan.

"Éstas son nuestras armas". Ahí está el problema, pánfilos pringuis. Comparad vuestras armas con el juguete que asoma tras el hombro del agente de la ley.

domingo, 20 de mayo de 2012

La duda metódica.


Descartes dice muchas tonterías. Por ejemplo, que se puede deducir la existencia de Dios. Pero hay una reflexión cartesiana que, con pequeñas alteraciones, me parece indispensable en la vida. Es la duda metódica. Descartes intenta diseñar un método que le permita llegar a verdades absolutas, y para ello pone en tela de juicio todo conocimiento que crea tener hasta que se demuestre que éste es fiable, seguro, que se encuentra más allá de toda duda. Cosas de franceses.

Qué caga de fgancés tengo, jeje.

Lo importante de la duda metódica no radica sólo en su importancia para la epistemología. La duda metódica puede ser un principio de vida. La forma más sencilla de aplicarla es ésta: todo lo que creas conocer, incluso aquello de lo que más seguro estás, puede ser falso. Sólo por eso hay que amar a Descartes.

Todo esto, que parece una evidencia, es infinitamente complicado de aplicar a poco que uno se mire a sí mismo y a los demás. ¿Qué tan dispuestos estamos a reconocer que nos equivocamos? No estoy hablando de una discusión trivial con la novia o un malentendido con un amigo. A eso también es aplicable la duda metódica, pero seamos ambiciosos. Piensa en lo que crees saber sobre el mundo y su funcionamiento. La política, la economía, la sociedad, la ciencia. Todo lo que creas saber sobre esas cosas (que abarcan, prácticamente, todo lo que se puede conocer), puede ser erróneo.

Con el tiempo he llegado a la conclusión de que existen dos tipos de personas: aquellas con tendencia al autojuicio y aquellas que no. Autojuicio es una palabra que no existe, pero que creo necesaria. Primero he pensado en escribir rectificar. Pero rectificar es un acto puntual, mientras que el autojuicio es una actitud. ¿En qué consiste? El autojuicio es la aplicación de la duda metódica por principio.

Desde pequeño sentí simpatía por la izquierda política. Es fácil si eres pobre y naces en un país subdesarrollado. Es una cuestión sentimental. Mis padres o mis abuelos poco sabían sobre la lucha de clases o la dictadura del proletariado. Sólo sabían que si eres pobre, lo lógico era ser de izquierdas, y así me lo transmitieron. La derecha defiende los intereses de los ricos, la izquierda, la de los desposeídos. Nadie podrá negar que, a grandes rasgos, eso es verdad. No es falso que votar al Frente Amplio era lo más conveniente para sus intereses. No estaban haciendo, pues, nada incoherente si vamos a las cuestiones de hecho.

Pero lo bueno o malo de nuestras acciones no se mide únicamente por los hechos en sí. Matar a un hombre es un acto que puede estar bien o mal considerado en función del contexto (si el asesino eres tú y la víctima es Hitler seguro que lo consideras bueno). Y el contexto en el caso de las inclinaciones políticas de mi familia es claro: no se vota a la izquierda porque tras un análisis racional, con fundamento, se ha llegado a la conclusión de que se comulga con la ideología marxista. Se sigue a la izquierda de una manera dogmática, no del todo irracional de hecho (hemos dicho que al fin y al cabo era lo que más les convenía), pero sí irracional respecto a la causa.

- Benito, ¿por qué siempre que hay que representar a un malo me citan a mí?
- Porque perdiste la guerra, lol.

Hace unos días asistí a la marcha del 12M en Valencia. Una muchedumbre enarbolando tricolores derribó las vallas y echó abajo los preparativos para una mascletà que Rita, casualmente, había decido situar en el sitio donde acababa la manifestación. Para mí, la escena tuvo un gran impacto emocional: el pueblo tomaba a la fuerza la plaza que por derecho le pertenecía y clavaba una bandera republicana en su seno, expulsando a las fuerzas opresoras y dando un paso más en su emancipación. Volví a casa y empecé a escribir arengas comunistas en Twitter. Tal era mi entusiasmo.

Luego pensé. Pensé en qué significaba el marxismo para mí. Pensé, también en qué sabía sobre el marxismo. Y entonces descubrí que casi todo lo que para mí significaba la emancipación proletaria provenía, principalmente, del sentimiento más que de la razón. He leído el Manifiesto Comunista. Tengo ideas generales sobre lo que Marx decía. También sobre los postulados de Lenin. Pero si vamos a lo estrictamente racional, aquello relativo al conocimiento, aquello que debería ser el principal (que no único) baremo a la hora de juzgar a las ideas, entonces yo sé muy poco sobre el marxismo. Digo esto por una sencilla razón: para Marx, toda la historia de la humanidad se explica por la economía. Y yo de economía no sé una mierda.

¿De dónde provenía mi entusiasmo ante la conquista proletaria de la Plaça Quinze de Maig? Del sentimiento. Era el dogmatismo, como el de mis padres y mis abuelos. El marxismo, en mí, no aguanta ni dos asaltos contra la duda metódica porque poco sé sobre él, y por lo tanto, menos razones tengo para defenderlo a capa y espada en Twitter. ¿Por qué el entusiasmo, entonces? Simple: yo (y muchos de vosotros) asumimos ciertas ideas como indiscutiblemente verdaderas sin pararnos a pensar en el porqué.

Practicar el autojuicio es difícil porque va en contra de nuestros instintos. La búsqueda constante de seguridad en todos los aspectos es de las adaptaciones evolutivamente más exitosas: un hombre primitivo que se hubiera parado en mitad de la sabana a reflexionar sobre la veracidad de sus percepciones acabaría siendo devorado por leones. O por dinosaurios.

Hay gente que cree que esto ocurrió. Ojalá fuera broma. Les falta autojuicio.

Pero hace miles de años que no estamos en la sabana, y las adaptaciones evolutivas pierden utilidad cuando las condiciones del medio cambian (hablaremos de ello algún día). Hoy en día, al menos en el mundo desarrollado, la principal preocupación no es huir de los leones. Los mayores dolores de cabeza no proceden de la lucha por la supervivencia, porque ésta ya no existe en el primer mundo, o al menos no de una manera brutal, como en el pasado. Hemos avanzado lo suficiente como para ver que el dogmatismo que una vez fue útil, ya no lo es en el presente.

Hace unos días leí en un blog algo que me pareció una verdad como un templo: está mal visto rectificar. Se espera de uno que, sobre todo en lo que respecta a la ideología política (sigamos con el ejemplo del comunismo hereditario), tras hacer una elección, ésta permanezca inmutable por los siglos de los siglos. Hacer lo contrario es como pasarse del Madrid al Barça: un acto vil, traicionero e infame. Pero así no avanzamos.

El campo del sentimiento es basto, y discutiblemente más importante que el de la razón. Pero ambas facetas del ser humano, razón y emoción, tienen sus predios. Y cuando una allana el de la otra, hay problemas. Las ideas se aprehenden con la razón, con la reflexión calma, no con el fanatismo. De hecho, cuando esto ocurre es cuando se dan las desgracias. Seguro que a todos se os ocurre algún ejemplo.

El dogmatismo es malo en todas sus formas, porque atrofia la razón a base de desprestigiarla. En nuestra sociedad se premia al romántico sobre el reflexivo. Es más, el concepto de humanidad suele citarse para hacer referencias al sentimiento más que al pensamiento racional, lo cual es curioso, dado que esto último es la más humana de todas nuestras cualidades. Intentar pensar siempre ha sido difícil. Te granjea enemigos a los que no les gusta que lo hagas. Tu duda les hace dudar a ellos, y ellos no quieren dudar, porque las verdades acríticas siempre son más cómodas que la incertidumbres a las que lleva el autojuicio.

Existe esperanza para el que duda. La incertidumbre inicial es dificultosa, pero te permite cavar hasta encontrar roca firme sobre la que se alzará el edificio del conocer. Descartes acierta en eso: cualquier verdad firme sobre la que puedas apoyarte vale más que miles de conocimientos sustentados sobre el humo. Descartes necesitaba deducir la existencia de Dios para llegar a esas verdades firmes. Hoy en día, creo que sólo basta con la sinceridad dirigida a uno mismo y la voluntad de llevar tus reflexiones a las últimas consecuencias. Es duro, pero vale la pena.